(4) “Primero debo aliviarme Yo de mis penas, que son muchas, y después tú”.
(5) Y mientras esto decía se ha acercado a mí boca y ha derramado un líquido amarguísimo,
y yo le he encomendado al confesor, pidiéndole que lo tocase con su manita y que lo hiciera
estar bien. Lo ha tocado y ha dicho: “Sí, sí”. Y ha desaparecido.
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7-51
Octubre 8, 1906
La cruz sirve al hombre como la rienda al caballo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido mi bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la cruz sirve a la criatura como la rienda al caballo; ¿qué cosa sería del caballo
si el hombre no usara la rienda? Sería indómito, desenfrenado, y no haría otra cosa que ir de
precipicio en precipicio, hasta enfurecerse y hacerse nocivo para el hombre y para sí mismo; en
cambio con la rienda se somete, se hace manso, camina por camino recto y sirve a las
necesidades del hombre como un fiel amigo, y queda a salvo de cualquier precipicio, porque el
hombre lo custodia y lo protege. Tal es la cruz al hombre, la cruz lo doma, lo frena, le detiene el
curso de precipitarse en los caminos de las pasiones que siente en sí, que como fuego lo
devoran; por lo tanto, en lugar de enfurecerse contra Dios y hacerse daño a sí mismo, la cruz le
apaga las pasiones, lo amansa, lo conduce y sirve a la gloria de Dios y a la propia salvación.
¡Oh, si no fuera por la cruz, que la Divina Providencia por su infinita Misericordia tiene como
rienda para frenar al hombre, ¡oh! en cuántos otros males yacería la pobre humanidad”.
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7-52
Octubre 10, 1906
Jesús concurre en todas las acciones humanas.
(1) Esta mañana el bendito Jesús se hacía ver dentro de un torrente de luz, y de esta luz
quedaban inundadas las criaturas, de modo que todas las acciones humanas recibían la actitud
de obrar de esta luz. Mientras esto veía el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo estoy continuamente concurriendo en cada mínima acción humana, aunque
fuese un pensamiento, un respiro, un movimiento; pero las criaturas no piensan en esta mi
actitud hacia ellas, y además de que no hacen para Mí sus obras, que soy de quien reciben la
vida de su mismo obrar, se atribuyen a ellas lo que hacen. ¡Oh! Si pensaran en ésta mi continua
actitud hacia ellas, no usurparían lo que es mío, con detrimento de mi gloria y de su bien;
mientras que deberían hacer todo para Mí, y dármelo a Mí, porque todo lo que es hecho para
Mí puede entrar en Mí, y Yo lo tengo en Mí en depósito para darlo todo a ella en la otra vida,
mientras que lo que no es hecho para Mí no puede entrar en Mí, porque no son obras dignas de
Mí, más bien siento náuseas y las rechazo, a pesar de que ha concurrido mi actitud”.
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