(3) Dicho esto ha desaparecido y yo he quedado con un gran deseo de verlo de nuevo.
Después me encontraba fuera de mí misma y lo iba buscando por todas partes, y no
encontrándolo decía: “¡Ah Señor, cómo eres cruel con un alma que es toda para Ti, y que no
hace otra cosa que sufrir continuas muertes por amor tuyo! Mira, mi voluntad te busca a Ti, y no
encontrándote muere de continuo, porque no te encuentra a Ti que eres vida de mi querer; mis
deseos mueren de continuo, porque deseándote y no encontrándote no encuentran su vida, así
que el respiro, los latidos del corazón, la memoria, la inteligencia, todo, todo, están sufriendo
muertes crueles, y Tú no tienes compasión de mí”. Mientras me encontraba en esto he vuelto
en mí y lo he encontrado en mí misma, y como si me quisiera pagar con la misma moneda me
decía:
(4) “Mira, estoy todo en ti y todo para ti”.
(5) Parecía que tenía la corona de espinas, y oprimiéndosela en la cabeza salía sangre y
decía: “Esta sangre la derramo por amor tuyo”.
(6) Me hacía ver sus llagas y agregaba: “Éstas, todas para ti”.
(7) ¡Oh, cómo me sentía confundida viendo que mi amor confrontado con el suyo no era otra
cosa que apenas una sombra!
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7-47
Octubre 2, 1906
Cómo nuestros sufrimientos pueden aliviar a Jesús.
(1) Habiendo recibido la comunión, me he sentido fuera de mí y veía una persona muy
oprimida por varias cruces, y a Jesús bendito que decía:
(2) “Dile que en el acto en el que ella se siente como acosada por persecuciones, por dolores,
por sufrimientos, piense que Yo le estoy presente, y que puede servirse de sus sufrimientos para
curar y cicatrizar mis llagas; así que sus sufrimientos me servirán ahora para curarme el costado,
ahora la cabeza, ahora las manos y los pies, llagas demasiado adoloridas, irritadas por las
graves ofensas que me hacen las criaturas, y esto es un gran honor que le hago, dándole Yo
mismo la medicina para curar mis llagas, y al mismo tiempo darle el mérito de la caridad de
haberme curado”.
(3) Mientras así decía, veía muchas almas purgantes, las cuales al oír esto, todas asombradas
han dicho:
(4) “Afortunadas ustedes que recibís tantas sublimes enseñanzas, que adquirís méritos de
curar a un Dios, méritos que sobrepasan a todos los demás méritos, y vuestra gloria será distinta
de la de los demás, como es distinto el Cielo de la tierra. ¡Oh! Si hubiéramos recibido nosotras
tales enseñanzas, que nuestros sufrimientos podrían haber servido para curar a un Dios,
¿cuántas riquezas de méritos hubiéramos adquirido, y de los cuales ahora nos vemos privadas?”
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7-48
Octubre 3, 1906
Jesús le habla de la simplicidad.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho: