7-41
Septiembre 11, 1906
Todo lo que no es hecho para gloria
de Dios, queda oscurecido.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, me he encontrado con el niño Jesús en brazos, en
medio de mucha gente, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las obras, palabras y pensamientos de las criaturas deben estar sellados
con la marca “Gloriam Dei, Gloriam Dei”. Y todo lo que no está sellado con esta marca queda
oscurecido y como sepultado en tinieblas, manchado, sin ningún valor, así que la criatura no
hace otra cosa que hacer salir de sí misma tinieblas y cosas abominables, porque la criatura no
obrando para la gloria de Dios, se sale de la finalidad para la cual ha sido creada, queda como
separada de Dios, abandonada a sí misma. Sólo Dios es luz, y sólo por Dios las acciones
humanas adquieren valor; entonces por qué maravillarse de que la criatura no obrando para
gloria de Dios quede sepultada en sus mismas tinieblas, y no adquiera nada con sus fatigas,
más bien que acumule graves deudas”.
(3) Con gran amargura veíamos a toda aquella gente como sepultada en tinieblas. Entonces
yo para distraer de aquella amargura al bendito Jesús, lo abrazaba y besaba, y le decía como
queriendo jugar con Él: Di junto conmigo, doy tal potencia a la oración de esta alma, de
concederle lo que me pide. Pero Él no me ponía atención, y yo queriéndolo obligar a repetir lo
que había dicho, repetía los besos, los abrazos y repetía: Di, di junto conmigo las palabras dichas
antes. He insistido tanto que me parecía que Él las había dicho, y me he encontrado en mí
misma, asombrándome de mi atrevimiento y locura, y me avergonzaba de mí misma.
+ + + +
7-42
Septiembre 12, 1906
Donde no está Dios, no puede haber
ni firmeza, ni verdadero bien.
(1) Estaba pensando en mi estado, en el que todo parece paz, amor, que nada me turba, que
todo es bueno, nada es pecado, y decía entre mí: “¿Qué será si en el punto de mi muerte se
cambia la escena y veré todo lo contrario, esto es, que todas las cosas me turbarán, y que todo
lo que he hecho habrá sido una cadena de males?” Mientras esto pensaba me ha dicho:
(2) “Hija mía, parece que te quieres turbar a la fuerza y quitarme mi continuo reposo en ti.
Dime, ¿crees que es cosa tuya la paciencia, la constancia, la paz de este tu estado, o bien fruto
y gracia de quien habita en ti? Sólo Yo poseo estos dones, y por la constancia, paz y paciencia
puedes conocer quién es el que obra en ti, porque cuando es la naturaleza o el demonio, el alma
se siente dominada por continuos cambios, así que ahora se siente dominada por un humor,
ahora por algún otro, ahora toda paciencia, ahora toda iracunda; en suma, la pobrecita es
dominada como una caña por un viento vigoroso. ¡Ah! Hija mía, donde no está Dios no puede
haber ni firmeza, ni verdadero bien, por eso no quieras turbar más mi y tu reposo, más bien sé
agradecida.
+ + + +
432 sig