(2) “Amada mía, el alma que vive en mi Voluntad reposa, porque la Voluntad Divina hace todo
por ella, y Yo, mientras obra por ella, ahí encuentro el más bello reposo, así que la Voluntad de
Dios es reposo del alma y reposo de Dios en el alma. Y el alma mientras reposa en mi Voluntad
está siempre pegada a mi boca, y de ella absorbe en sí misma la Vida Divina, formando de Ella
su alimento continuo. La Voluntad de Dios es el paraíso del alma en la tierra, y el alma que hace
la Voluntad de Dios viene a formar el paraíso a Dios sobre la tierra.
(3) La Voluntad de Dios es la única llave que abre los tesoros de los secretos divinos, y el
alma adquiere tal familiaridad en la casa de Dios, que domina como si fuera la dueña”.
(4) ¿Quién puede decir lo que comprendía de esta Divina Voluntad? ¡Oh, Voluntad de Dios,
cómo eres admirable, amable, deseable, bella, basta decir que encontrándome en Ti, me siento
perder todas mis miserias, todos mis males, y adquirir un nuevo ser con la plenitud de todos los
bienes divinos!
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7-28
Julio 8, 1906
Jesús la atrae hacia Él con una luz.
(1) Continúa casi siempre lo mismo, solamente siento un poco más de vigor; que Dios sea
siempre bendito, todo es poco por su amor, aun su misma privación, el estar lejana del Cielo, y
sólo por obedecer.
(2) Ahora la obediencia quiere que escriba alguna cosa acerca de la luz que aún sigo viendo
de vez en cuando. A veces me parece ver a Nuestro Señor dentro de mí, y de su Humanidad
sale una imagen toda luz, y su Humanidad enciende siempre más el fuego, y veo la imagen de
la luz de Cristo, como si tamizara este fuego, y de este fuego tamizado sale una luz toda
semejante a su imagen de luz, y todo se complace y con ansia la espera para unirla a Sí, y
después se incorpora otra vez en su Humanidad. Otras veces me encuentro fuera de mí misma
y me veo toda fuego, y una luz que está por desprenderse del fuego, y Nuestro Señor, con su
aliento sopla en la luz, y la luz se eleva y toma el camino hacia la boca de Jesucristo, y Él con
su aliento la aleja y la atrae, la engrandece y la vuelve más reluciente, y la pobre luz se debate
y hace todos los esfuerzos porque quiere ir a su boca, a mí me parece que si esto sucediera
expiraría, no obstante estoy obligada a decir en mi interior: La obediencia dada por el confesor
no lo quiere, a pesar de que el decir esto me cuesta la propia vida. Y el Señor parece que se
deleita con hacer tantos juegos con esta luz. Ahora, me parece que Nuestro Señor viene y quiere
volver a ver todo lo que Él mismo me ha dado, si está todo ordenado y desempolvado, por tanto
me toma de la mano y me quita los anillos que me dio cuando me desposó con Él, uno lo ha
encontrado intacto y el resto los ha desempolvado con su aliento y me los volvía a poner,
después, como si me vistiera toda, se pone a mi lado y dice:
(3) “Ahora sí que estás bella, ven a Mí, no puedo estar sin ti; o tú vienes a Mí o Yo voy a ti,
eres mi amada, mi alegría, mi contento”.
(4) Mientras esto dice, la luz se debate y hace todos los esfuerzos porque quiere estar en
Jesús, y mientras toma su vuelo veo que el confesor con sus manos la para y la quiere encerrar
dentro de mí, y a Jesús que se está quieto y lo deja hacer. ¡Oh Dios, qué pena! Cada vez que
esto sucede me parece que debo morir y llegar a mi puerto, y la obediencia me hace encontrar
de nuevo en camino. Si yo quisiera decir todo de esta luz no terminaría jamás, pero me hace
tanto mal escribir esto, que no puedo seguir adelante, aunado a que muchas cosas no sé
decirlas, por eso hago silencio.