(3) Mientras estaba en esto, parecía que la luz que había visto en días pasados estaba dentro
de esta vestidura, y el Señor esperaba a la una y a la otra para absorberlas en Sí mismo.
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7-23
Junio 23, 1906
La obediencia la hace seguir viviendo
en el mundo como víctima.
(1) Continuando a sentirme mal había dicho al confesor lo que he escrito antes, callando
algunas cosas que corresponden a lo mismo, parte por la debilidad extrema que sentía, no
teniendo fuerzas para hablar, y parte por temor de que la obediencia me pudiese poner alguna
trampa. ¡Oh! Dios Santo, qué temor, sólo Dios sabe como vivo, vivo muriendo continuamente, y
mi único consuelo sería morir para reencontrar mi vida en Dios, pero la obediencia la quiere
hacer de cruel verdugo, quiere tenerme muriendo continuamente y no a vivir para siempre en
Dios. ¡Oh obediencia, cómo eres terrible y fuerte! Entonces el confesor me ha dicho que no lo
permitía y que debía decir al Señor que la obediencia no quería. ¡Qué pena amarguísima!
Después, encontrándome en mi habitual estado veía a Nuestro Señor, y al confesor que le pedía
que no me hiciera morir. Yo, temiendo que le hiciera caso, lloraba, y el Señor ha dicho:
(2) “Hija, tranquilízate, no me aflijas con tu llanto, Yo tengo toda la razón en traerte, porque
quiero castigar al mundo, y sólo por ti y por tus sufrimientos me siento como atado. El confesor
también tiene razón en quererte tener en la tierra, porque, pobre mundo, pobre Corato, en el
estado en el cual se encuentra, ¿qué será de él si ninguno lo protege? Y también por él mismo,
porque estando tú, algunas veces Yo me sirvo de él por medio tuyo, alguna vez directamente
diciendo alguna cosa que le concierne, y alguna vez indirectamente para llamarlo, cuando para
estimularlo, y cuando para disuadirlo de hacer alguna cosa que no me agrade; entonces
llamándote a Mí, me serviré de los sufrimientos. Pero, ánimo, que como están las cosas Yo me
siento más inclinado a contentarte a ti que al confesor, y Yo mismo sabré cambiar su voluntad”.
(3) Luego me he encontrado en mí misma, no pensaba escribir esto porque no me parecía
necesario el decirlo, pues viendo al confesor junto con Nuestro Señor, me parecía que ya lo
sabía todo.
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7-24
Junio 24, 1906
Continúa suspirando el Cielo.
(1) Diciendo al confesor lo que he dicho arriba, se ha inquietado porque quería,
absolutamente, que yo me opusiera al Señor, que la obediencia no quería; porque yo me sentía
más mal, el pensamiento de tantas privaciones del bendito Jesús que me habían quemado tanto
y vuelto a quemar a lo vivo, me hacía anhelar el Cielo. Mi pobre humanidad la sentía a lo vivo e
iba refunfuñando contra la obediencia. Mi pobre alma me la sentía como bajo de una prensa y
no sabía que decidir. Mientras estaba en esto ha venido Nuestro Señor con un arco de luz entre
sus manos, y ha salido una guadaña también de luz y tocaba el arco que Jesús tenía entre sus
manos, y el arco tocado ha quedado absorbido en Cristo, y ha desaparecido sin darme tiempo