(6) Yo, al oír “un corazón que ama por todos”, me he sentido como enfadada, y yo misma no
sé decir cómo es que he dicho: “¿Qué dices, un corazón que ama por todos? No sólo que ama
por todos, sino que repara por todos, que sufre, que agradece, que alaba, que adora, que
respeta la santa ley por todos; porque yo no considero verdadero amor hacia la persona amada
si no le da todo el amor y toda la satisfacción que le deberían dar todos los demás, de modo que
en esa persona pueda encontrar todo el bien y el contento que debería encontrar en todos”.
(7) Él, al escucharme, más se encendía, se acercaba queriéndome estrechar; yo temía, sentía
vergüenza por haber hablado así; mi corazón golpeado por sus latidos me latía fuerte. Entonces
parecía que Él se transformaba como si fuera Nuestro Señor, pero no sé decirlo con certeza. Y
sin poderme oponer me ha estrechado a Sí diciéndome:
(8) “Todas las mañanas vendré a ti y desayunaremos juntos”.
(9) Mientras estaba en esto me he encontrado en mí misma.
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7-13
Abril 29, 1906
El alma vacía de todo es como el agua que corre siempre.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús, llenando todo mi
interior de Sí mismo me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma vacía es como el agua que corre siempre, y sólo se detiene cuando llega
al centro de donde ha salido; y así como el agua que no tiene color puede recibir en sí todos los
colores que en ella se reflejen, así el alma vacía, corre siempre hacia el centro divino de donde
salió, y sólo se detiene cuando llega a llenarse toda, toda de Dios, porque estando vacía nada
se le escapa del Ser Divino, y como no tiene color propio recibe en sí todos los colores divinos.
Ahora, sólo el alma vacía, porque está vacía de todo, comprende las cosas según la verdad, por
ejemplo: La preciosidad del sufrir, el verdadero bien de la virtud, la sola necesidad de lo eterno,
porque para amar una cosa es de absoluta necesidad que se odie la cosa contraria a la que se
ama, y sólo el alma vacía es la que llega a tanta felicidad”.
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7-14
Mayo 4, 1906
Temores y lágrimas del alma. Jesús le pide
que sea más precisa en el escribir.
(1) Estaba muy afligida por no haber visto claramente a mi adorable Jesús, con el agregado
de que el pensamiento me decía que Jesús, Aquél que es mi vida, ya no me amaba. ¡Oh Dios,
qué penas mortales sentía mi pobre corazón, no sabía qué hacer para liberarme de esto! He
derramado lágrimas amargas, y para liberarme he dicho: “No me quiere más, pero a despecho
de que Él no me quiere más, lo querré más que antes”. He escrito esto para obedecer.
(2) Después de mucho esperar ha venido y ponía mis lágrimas sobre su rostro; yo no entendía
bien el por qué, pero me parecía que como aquel pensamiento me había excitado y casi
empujado a amarlo de más, Él complaciéndose por eso me ha dicho:
(3) “¿Cómo, no te amo? Te amo tanto, que aun de tus lágrimas llevo cuenta, y las llevo sobre
mi rostro para mi contento”.