(2) “Hija mía, no encuentro ya donde reposar en mi creación. Hazme reposar en ti y tú repósate
en Mí y calla”.
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7-11
Abril 25, 1906
Sufre junto con Jesús. Él le da todos sus
sufrimientos y todo Sí mismo en don.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me parecía ver a mi bendito Jesús todo afligido
dentro de mí, en el momento de sufrir la crucifixión, y parecía que yo sufría un poco junto con
Él, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo es tuyo: Mis sufrimientos, y todo Yo mismo, te hago don de todo”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, ¡cuánto me hacen las criaturas, que sed tienen de
pecados, que sed de sangre!; no quisiera Yo hacer otra cosa que abrir las entrañas de la tierra
e incendiarlos a todos”.
(4) Y yo: “Señor, ¿qué dices? Me dijiste que eres todo mío, y uno que se da a otro no es ya
dueño de sí mismo; yo no quiero que hagas esto, y Tú no debes hacerlo. Si quieres satisfacción
de mí, hazme sufrir lo que quieras, estoy dispuesta a todo”.
(5) Entonces me lo sentía dentro de mí como si lo tuviera atado, y Él me repetía varias veces:
(6) “¡Déjame hacer porque no puedo más, déjame hacer porque no puedo más!”
(7) Y yo repetía: “No quiero Señor, no quiero”. Pero mientras esto decía, sentía que se me
rompía el corazón de ternura al ver su bondad tan condescendiente hacia un alma pecadora
cual soy yo. Comprendía tantas cosas de la bondad divina, pero no sé decirlas bien.
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7-12
Abril 26, 1906
Jesús no le deja ver los castigos para no afligirla.
(1) Continuando mi pobre estado, sentía que había algunas personas alrededor de mi cama
que querían que yo viera los castigos que estaban sucediendo en el mundo, esto es: Terremotos,
guerras y otras cosas más que yo no entendía bien, para que implorara ante el Señor; me
parecía que eran santos, pero no sé decirlo con certeza. Mientras estaba en esto ha salido de
mi interior el bendito Jesús, y les ha dicho:
(2) “No me la molesten, no la aflijan con querer hacerle ver escenas dolorosas, más bien
hagan que esté tranquila, y déjenla en paz Conmigo”.
(3) Ellas se han ido y yo he quedado pensando: ¿Quién sabe qué está sucediendo, y ni
siquiera quiere que lo vea? Después me he encontrado fuera de mí misma y veía a un sacerdote
que hablaba de los terremotos que habían sucedido en los días pasados y decía: “El Señor está
muy indignado, creo que no han terminado aún los castigos”.
(4) Y yo: “¿Quién sabe si seremos perdonados nosotros?” Y él, avivándose, parecía que el
corazón le latía tan fuerte que yo lo oía, y esos latidos repercutían en mi corazón; yo no
comprendía quién era, sentía comunicárseme un no sé qué, y aquél ha dicho:
(5) “¿Cómo pueden suceder cosas graves de ruina, de morir gente, donde hay un corazón
que ama por todos? A lo más se podrá sentir alguna sacudida, pero sin daño notable”.