7-3
Febrero 12, 1906
Las virtudes nos hacen llegar a cierta altura.
En la Divina Voluntad no hay confines.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me sentía toda oprimida por la privación de mi
bendito Jesús, entonces, en cuanto ha venido me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las virtudes en las criaturas fabrican un muro de determinada altura, pero
el muro del alma que vive en la Voluntad de Dios es un muro tan alto y profundo, que no se
encuentra ni la profundidad, ni la altura, y es todo de oro puro y macizo, no sujeto a ningún
infortunio, porque estando este muro en el Divino Querer, esto es, en Dios, Dios mismo lo
custodia, y contra Dios no hay potencia que valga, y el alma mientras vive en este Querer Divino,
es revestida por una luz toda semejante a la de Aquél en el cual vive, tanto, que aun en el Cielo
resplandecerá más que todos los demás y será para los mismos santos ocasión de mayor gloria.
¡Ah! Hija mía, piensa un poco que ambiente de paz, de bienes contiene la sola palabra: “Voluntad
de Dios”, el alma, con el solo pensamiento de querer vivir en este ambiente, ya se siente
cambiada, siente un aire divino que la inviste, se siente perder su ser humano, se siente
divinizada; de impaciente se hace paciente; de soberbia, humilde, dócil, caritativa, obediente; en
suma, de pobre se hace rica; todas las otras virtudes surgen para hacerle corona a este muro
tan alto que no tiene confines; porque como Dios no tiene confines, el alma queda perdida en
Dios y pierde sus propios confines y adquiere los confines de la Voluntad de Dios”.
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7-4
Febrero 23, 1906
Cómo Jesús quedó clavado en la cruz en la Voluntad del Padre.
(1) Esta mañana estaba pensando en Nuestro Señor, en el momento en que lo clavaban en
la cruz y lo estaba compadeciendo, y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, no fueron sólo las manos y los pies los que fueron clavados en la cruz, sino
todas las partículas de mi Humanidad, del alma y de la Divinidad quedaron clavadas todas en la
Voluntad del Padre, porque la crucifixión fue Voluntad del Padre, por eso quedé todo, en su
Voluntad, clavado y transmutado, esto era necesario porque ¿qué cosa es el pecado sino un
retirarse de la Voluntad de Dios, de todo lo que es bueno y santo que Dios nos ha dado, creerse
por sí mismo algo, y ofender al mismo Creador? Y Yo para reparar esta audacia y este ídolo
propio que se hace la criatura de sí misma, quise perder del todo mi voluntad y vivir de la
Voluntad del Padre, a costa de gran sacrificio”.
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