13
I. M. I.
7-1
Enero 30, 1906
La constancia ordena todo.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo es necesario que el alma sea constante en hacer el bien que ha
comenzado, porque si bien tiene principio, pero no tendrá fin, y no teniendo fin es necesario que
se uniforme a los modos del Eterno Dios. Dios es justo, es santo, es misericordioso, es Aquél
que contiene todo, ¿pero tal vez por un solo día? No, siempre, siempre, así el alma no debe ser
un día paciente, humilde, obediente, y otro día impaciente, soberbia, caprichosa. Estas son
virtudes rotas, es un mezclar negro y blanco, luz y tinieblas, todo es desorden, todo es confusión,
modos todos diferentes a los de su Creador. En tales almas hay guerra continua, porque las
pasiones le hacen guerra, porque viéndose nutridas frecuentemente esperan que la victoria sea
de ellas; guerra por parte de los demonios, de las criaturas y aun por parte de las mismas
virtudes, las que viéndose desilusionadas le hacen guerra encarnizada y terminan con
nausearla, y si se salvan estas almas, ¡oh! cuánto tendrá que trabajar el fuego del purgatorio.
En cambio para el alma constante todo es paz, ya la sola constancia hace que todo esté en su
puesto, las pasiones se sienten morir, y ¿quién es aquél que estando cercano a morir piensa en
hacer guerra a alguien? La constancia es espada que pone todo en fuga, es cadena que ata
todas las virtudes, de modo que se siente acariciada continuamente por ellas, y el fuego del
purgatorio no trabajará nada porque la constancia ha ordenado todo y la ha hecho similar a los
modos del Creador”.
+ + + +
7-2
Febrero 9, 1906
La unión de nuestras acciones con las
de Jesús, es garantía de salvación.
(1) Continuando mi habitual estado, he visto la sombra del bendito Jesús, todo afligido y casi
en acto de mandar castigos. Yo al verlo he dicho: “En el modo como está, ¿quién podrá salvarse,
no sólo de los castigos, sino también la misma salvación?” Y Él, cambiando aspecto ha dicho:
(2) “Hija mía, la unión de las obras humanas con las mías, es garantía para salvarse, porque
si dos personas trabajan en un mismo terreno, el trabajar en aquel terreno es garantía de que
ambas deberán cosechar; así quien une sus obras con las mías, es como si trabajara en mi
terreno, por lo tanto, ¿no deberá cosechar en mi reino? ¿Tal vez deberá trabajar junto Conmigo
en mi terreno, y deberá cosechar en un reino extraño a Mí? ¡Ciertamente que no!”
+ + + +
13 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.
413 sig