(2) “¡Ah! Así es, Yo solo soy tu contento, y Yo encuentro todo mi contento en ti, así que si no
tuviera a otro, tú sola me volverías feliz. Hija mía, un poco de paciencia hasta que comiencen
las guerras, que después nos pondremos en orden como antes”.
(3) Y yo sin saber qué cosa decía, yo misma, he dicho: “Señor, hazlas comenzar”. Pero
rápidamente he agregado: “Señor, me he equivocado”.
(4) Y Él: “Tu voluntad debe ser la mía, nada debes querer, aunque sea cosa santa, que no
sea uniforme a mi Voluntad. En el giro de mi Voluntad quiero que tú gires siempre, sin salir un
instante, para poderte volver dueña de Mí mismo; Yo quiero la guerra, también tú. Y con el alma
que se comporta de este modo, Yo hago de mi Ser un circulo en torno a ella, de modo de hacerla
vivir de Mí y en Mí”.
(5) Y ha desaparecido.
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6-141
Noviembre 6, 1905
Jesús en sus penas, su finalidad era principalmente
complacer en todo y por todos al Padre,
y después la redención de las almas.
(1) Pensando en la Pasión de Nuestro Señor, decía entre mí misma: Cuánto quisiera entrar
en el interior de Jesucristo para poder ver todo lo que Él hacía, y para ver lo que más agradaba
a su corazón, para poderlo hacer también yo y mitigar sus penas ofreciéndole lo que a Él más
le agradaba”. Mientras esto decía, el bendito Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi interior estaba ocupado en las penas, principalmente a complacer en todo y
por todos a mi amado Padre, y después en la redención de las almas; y la cosa que más
agradaba a mi corazón era el ver la complacencia que me mostraba el Padre al verme sufrir
tanto por amor suyo, así que todo lo reunía en Sí, ni siquiera un respiro, un suspiro se dispersó,
sino que todo lo recogió para poderse complacer y mostrarme su complacencia. Y Yo estaba
tan satisfecho de esto, que si no tuviera otra cosa, la sola complacencia de mi Padre me bastaba
para sentirme satisfecho por lo que sufría; mientras que por parte de las criaturas, mucho, mucho
de mi Pasión quedó dispersó. Y tanta era la complacencia del Padre, que a torrentes derramaba
en mi Humanidad los tesoros de la Divinidad. Por eso acompaña mi Pasión de esta manera,
que me darás mucho gusto”.
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6-142
Noviembre 8, 1905
El alma que se resigna a la Divina Voluntad,
llega a hacer de Dios su alimento cotidiano.
(1) Habiendo esperado mucho, en cuanto Jesús ha venido me ha dicho:
(2) “Hija mía, al alma que se resigna a mi Voluntad, le sucede como a aquél que acercándose
a ver un bello alimento siente el deseo de comerlo, y excitándose el deseo pasa a disfrutar aquel
alimento y convertirlo en su carne y en su sangre. Si no hubiera visto el bello alimento no podía