del sexto dolor. Quien se mantiene en mi gracia y me corresponde, y no da a ningún otro
albergue en el propio corazón sino a Mí sólo, es como si me sepultara en el centro del corazón,
y participa en el séptimo”.
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6-134
Octubre 10, 1905
La señal de que el alma está perfectamente
estrechada y unida con Jesús, es si está
unida con todos los prójimos.
(1) Estando muy afligida por las fatigas que el bendito Jesús me hace sufrir al esperarlo, esta
mañana al momento de hacerse ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, me desagrada tu pesadumbre y el verte como inmersa en amarga aflicción por
mi privación. Siento tanta pena de tu aflicción, especialmente porque es por causa mía, que la
siento como si fuera mía, y es tan grande, que si se unieran todas las aflicciones de los otros,
no me daría tanta pena como la tuya sola, porque es sólo por causa mía. Por eso, muéstrame
tu rostro alegre y hazme ver que estás contenta”.
(3) Después se ha estrechado fuertemente a mí y ha agregado:
(4) “La señal de que el alma está perfectamente estrechada y unida Conmigo, es si está unida
con todos los prójimos. Así como ninguna nota discordante y entremezclada debe existir con
aquellos que están visibles en la tierra, así ninguna nota discordante de desunión puede existir
con el invisible Dios”.
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6-135
Octubre 12, 1905
El conocimiento de sí misma, vacía al
alma de sí misma y la llena de Dios.
(1) Continuando mi acostumbrado estado, cuando ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el conocimiento de sí misma vacía al alma de sí misma y la llena de Dios; y no
sólo esto, en el alma hay muchos armarios, y todo lo que en el mundo se ve, de acuerdo al
concepto que se forma de ello, así, quién más, quién menos, toman su lugar en estos armarios.
Ahora, el alma que se conoce a sí misma y está llena de Dios, conociendo que ella es nada,
más bien se sabe un vaso frágil, putrefacto, fétido, se cuida bien de hacer entrar en su interior
otras podredumbres fétidas, como son las cosas que se ven en el mundo. Sería un loco aquél
que teniendo una llaga putrefacta va juntando más podredumbre para ponerla sobre su llaga;
conocerse a sí misma lleva consigo el conocimiento de las cosas del mundo, por eso, como todo
es vanidad, fugacidad, bienes sólo disfrazados, engaños, inconstancia de criatura, entonces
conociendo cuáles son las cosas en sí mismas, se cuida bien de hacerlas entrar en sí misma, y
todos aquellos armarios quedan llenos de las virtudes de Dios”.
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