6-132
Septiembre 8, 1905
La verdadera caridad es hacer el bien al
prójimo, porque es imagen de Dios.
(1) Encontrándome en mi acostumbrado estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, la verdadera caridad es cuando haciendo el bien al prójimo, lo hace porque es
mi imagen. Toda la caridad que sale de este ambiente no se puede decir caridad; si el alma
quiere el mérito de la caridad no debe salir jamás de este ambiente de ver en todo mi imagen.
Tan es verdad que en esto está la verdadera caridad, que mi misma caridad no sale jamás de
este ambiente, tanto ama a la criatura porque es imagen mía, y si con el pecado deforma esta
mi imagen, no siento más amarla, más bien la aborrezco; y conservo las plantas, los animales,
porque sirven a mis imágenes, y la criatura debe adaptarse toda sí misma a ejemplo de su
Creador”.
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6-133
Septiembre 17, 1905
Cómo se puede participar de los dolores de la Reina Mamá.
(1) Habiendo sufrido mucho por la privación de mi dulcísimo Jesús, esta mañana, día de los
dolores de María Santísima, después de haberme en algún modo fatigado, ha venido y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué quieres que tanto me anhelas?
(3) Y yo: “Señor, lo que tienes para Ti, es lo que anhelo para mí”.
(4) Y Él: “Hija mía, para Mí tengo espinas, clavos y cruz”.
(5) Y yo: “Pues bien, eso quiero para mí”. Y me ha dado su corona de espinas y me
participaba los dolores de la cruz, y después ha agregado:
(6) “Todos pueden participar en los méritos y en los bienes que fructificaron de los dolores de
mi Madre. Quien anticipadamente se pone en las manos de la providencia, ofreciéndose a sufrir
cualquier tipo de penas, miserias, enfermedades, calumnias y todo lo que el Señor disponga
sobre ella, viene a participar del primer dolor de la profecía de Simeón. Quien actualmente se
encuentra en los sufrimientos y está resignado y está más estrechado Conmigo, no me ofende,
y como si me salvara de las manos de Herodes, y sano y salvo me custodia en el Egipto de su
corazón, participa del segundo dolor. Quien se encuentra abatido de ánimo, árido y privado de
mi presencia, y está firme y fiel a sus acostumbrados ejercicios, es más, busca la ocasión de
amarme y buscarme más, sin cansarse, viene a participar de los méritos y bienes que adquirió
mi Madre en mi extravío. Quien en cualquier ocasión que se encuentre, especialmente de verme
ofendido gravemente, despreciado, pisoteado, y busca repararme, compadecerme y rogar por
aquellos mismos que me ofenden, es como si encontrara en aquella alma a mi misma Madre,
que si hubiera podido me hubiera liberado de mis enemigos, y participa en el cuarto dolor. Quien
crucifica sus sentidos por amor de mi crucifixión, y trata de copiar en sí las virtudes de mi
crucifixión, participa del quinto. Quien está en continua actitud de adorar, de besar mis llagas,
de reparaciones, de agradecimientos y más, a nombre de todo el género humano, es como si
me tuviera en sus brazos, como me tuvo mi Madre cuando fui depuesto de la cruz, y participa