la bondad de nuestro Señor que me participaba todos sus bienes, sin excluirme de nada de todo
lo que Él contenía; y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija amada mía, no te maravilles de lo que ves, porque no estás sola o eres única, porque
en todos los tiempos he tenido almas, que por cuanto puede una criatura, en algún modo pudiese
recibir la finalidad de la Creación, Redención y Santificación, y pudiese la criatura recibir todos
los bienes por los cuales la he creado, redimido y santificado; de otra manera, si Yo no tuviera
en todo tiempo, aunque sea una sola, se frustraría toda mi obra, al menos por algún tiempo.
Esto es orden de mi providencia, de mi justicia y de mi amor, que en cada tiempo tuviera al
menos una sola a la que Yo pudiera participar todos los bienes, y que la criatura me diese todo
lo que me debe como criatura, de otra manera, ¿en qué aprovecharía mantener el mundo? En
un momento lo destrozaría; y por eso precisamente me elijo a las almas víctimas, porque así
como la divina justicia encontró en Mí todo lo que debería encontrar en todas las criaturas, y me
participó todos juntos los bienes que habría participado a todas las criaturas, en modo que mi
Humanidad contenía todo, así en las víctimas encuentro todo en ellas y les participo todos mis
bienes. En el tiempo de mi Pasión tuve a mi amadísima Madre, que mientras le participaba
todas mis penas y todos mis bienes, Ella como criatura estaba atentísima a reunir en Sí todo lo
que me habrían hecho las criaturas, así que Yo encontraba en Ella toda mi satisfacción y toda
la gratitud, el agradecimiento, la alabanza, la reparación, la correspondencia que debía
encontrar en todos los demás. Enseguida venía la Magdalena, Juan, y así en todos los tiempos
de la Iglesia, por eso, para hacer que dichas almas me fueran más agradables y pudiera sentirme
atraído a darles todo, las prevengo primero y luego les ennoblezco el alma, el cuerpo, el trato, y
hasta la voz, de modo que una sola palabra tiene tanta fuerza, es tan graciosa, dulce, penetrante,
que todo me conmueve y me enternece, me cambia, y digo: ¡Ah! Es ésta la voz de mi amada,
no puedo hacer menos que escucharla, sería como si quisiera negarme a Mí mismo lo que
quiere, si no debo escucharla me conviene quitarle la voluntad de hacerla hablar, pero mandarla
vacía jamás; así que entre ella y Yo hay tal electricidad de unión, que el alma misma no puede
comprender todo en esta vida, si bien lo comprenderá con toda claridad en la otra”.
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6-131
Septiembre 6, 1905
El mal de la distracción.
(1) Esta mañana después de haber esperado mucho, veía a nuestro Señor crucificado, y yo
estaba besando las llagas de sus manos, reparando y rogando que santificara, perfeccionara,
purificara todas las obras humanas por amor de cuanto había sufrido en sus santísimas manos,
y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, las obras que más irritan mis manos, y que más me amargan y agrandan mis
llagas son las obras buenas hechas con distracción, porque la distracción quita la vida a las
obras buenas, y las cosas que no tienen vida están siempre próximas a pudrirse, por eso a Mí
me dan nauseas, y al ojo humano es más escándalo la obra buena hecha sin atención, que el
mismo pecado, porque el pecado se sabe que es tiniebla, y no es maravilla que las tinieblas no
den luz; pero la obra buena que es luz y da tinieblas ofende tanto al ojo humano, que no sabe
más dónde encontrar la luz, y por eso encuentra un obstáculo en el camino del bien”.
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