recibido un encuentro un poco desagradable, se siente fría, abandona de hecho la oración hasta
transgredir los deberes de un cristiano, las oraciones de obligación; ¿es acaso éste mi espíritu
de oración, que llegué hasta sudar sangre, a sentir la agonía de la muerte, y sin embargo no
descuidé un solo momento la oración? Ciertamente que no, y así de todas las otras virtudes.
Sólo las virtudes que están radicadas en mi corazón e injertadas en el alma son estables y
permanecen, y resplandecen llenas de luz; las otras, mientras aparecen como virtudes son
vicios, aparecen como luz y son tinieblas”.
(3) Dicho esta ha desaparecido. Yo continuaba deseándolo, y ha regresado y ha agregado:
(4) “El alma que me desea siempre se embebe de Mí continuamente, y Yo sintiéndome
embebido por el alma me embebo del alma, de modo que dondequiera que volteo, la encuentro
con sus deseos y la toco continuamente”.
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6-129
Agosto 28, 1905
El corazón de Jesús se ata con los corazones
humanos, y estos toman todo del corazón de
Él, hasta su misma Vida, si le corresponden.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús al venir me hacía ver su amabilísimo corazón, y de dentro
salían como tantos hilos resplandecientes de oro, de plata, rojos, y parecía que formaban una
red, e hilo por hilo ataba todos los corazones humanos. Yo he quedado admirada al ver esto, y
Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi corazón se ata con estos hilos a todos los afectos, los deseos, los latidos, el
amor y hasta la misma vida de los corazones humanos, en todo similares a mi corazón humano,
sólo diferentes en la santidad, y habiéndolos atado, desde el Cielo, según se muevan mis
deseos, el hilo de los deseos excita los deseos de ellos; si se mueven los afectos, el hilo de los
afectos mueve los afectos de ellos; si amo, el hilo del amor excita el amor de ellos; y el hilo de
mi vida les da la vida. ¡Oh! Qué armonía entre el Cielo y la tierra, entre mi corazón y los
corazones humanos, pero esto lo advierte sólo quien me corresponde; pero quien hace algo de
mala gana, con el vigor de su voluntad nada advierte y manda al vacío las operaciones de mi
corazón humano”.
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6-130
Septiembre 4, 1905
En todos los tiempos, Dios ha tenido almas que
han recibido, por cuanto puede una criatura, la
finalidad de la Creación, Redención y Santificación.
(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús me hacía ver su Sacratísima
Humanidad, todas sus llagas, sus penas; y desde dentro de sus llagas y hasta de sus gotas de
sangre salían tantas ramas cargadas de frutos y flores, y parecía que me comunicaba sus
sufrimientos y todas sus ramas cargadas de flores y frutos. Yo he quedado maravillada al ver
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