6-127
Agosto 23, 1905
Si el alma hace todo por Dios, permanece extinguida
en la llama del amor divino. El pensar en sí mismo
jamás es virtud, sino siempre vicio.
(1) Continuando mi habitual estado, mi bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, si el alma hace todo por Mí, imita a aquellas pequeñas mariposas que giran y
giran en torno a una llama y quedan extintas en aquella misma llama. Así el alma, según el
perfume de sus acciones, de sus movimientos y deseos ofrecidos a Mí, así gira en torno a Mí,
ahora en torno a los ojos, ahora al rostro, ahora a las manos, ahora al corazón; según los
diversos ofrecimientos que me va haciendo, y con su continuo girar en torno a Mí permanece
toda extinta en la llama de mi amor, sin tocar las llamas del purgatorio”.
(3) Después ha desaparecido, y habiendo regresado ha agregado:
(4) “El pensar en sí mismo, es lo mismo que salir de Dios y regresar a vivir en sí mismo.
Además, el pensar en sí mismo jamás es virtud, sino siempre vicio, aunque fuera bajo aspecto
de bien”.
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6-128
Agosto 25, 1905
Las verdaderas virtudes deben tener las
raíces en el corazón de Jesús, y desarrollarse
en el corazón de la criatura.
(1) Esta mañana al venir el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma debe vivir en mi corazón, y las mismas virtudes, debe hacer de modo
que las raíces estén en mi corazón y desarrollarlas en su corazón; de otra manera se pueden
tener las virtudes naturales, o bien de simpatía, las cuales se llaman virtudes a tiempo y
circunstancia, y son mutables; mientras las virtudes que la raíz está fija en mi corazón y
desarrollada en el alma, son estables y se adaptan a todos los tiempos y a todas las
circunstancias, y son iguales para todos, en cambio aquellas otras no, y sucede que sienten una
caridad ilimitada por una persona, o sea, a un tiempo son todo fuego, hacen verdaderos
sacrificios, quisieran poner la vida; pero se presenta otra, y aunque resulte más necesitada que
la primera, en un momento se cambia la escena, se hacen de hielo, ni siquiera quieren hacer el
sacrificio ni de oír, ni de decir una palabra, están desganadas y la despiden irritadas, furiosas;
¿es acaso esta caridad aquella que la raíz está fija en mi corazón? Ciertamente que no, por el
contrario, es caridad viciosa, toda humana y de simpatía, que a un momento parece que florece,
y en otro momento se seca y desaparece. Alguna otra es obediente a una persona, sumisa,
humilde, se hace un harapo, de modo que aquella persona puede hacer con ella lo que quiera;
pero con otra es desobediente, reacia, soberbia; ¿es acaso esta obediencia la que sale de mi
corazón, que obedece a todos, hasta a los mismos verdugos? No, ciertamente. Otra es paciente
en ciertas ocasiones, aun en sufrimientos serios, parece un cordero que ni siquiera abre la boca
para lamentarse; pero ante otro sufrimiento, quizá más pequeño, monta en furia, se irrita,
maldice; ¿es tal vez ésta la paciencia que la raíz está fija en mi corazón? No, ciertamente. Otra,
un día es todo fervor, ora siempre, hasta transgredir los deberes del propio estado; otro día ha
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