6-120
Julio 18, 1905
El alma no debe abrir su interior
a los demás, sólo al confesor.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, apenas ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando un confesor manifiesta su modo de obrar interno a las almas, pierde el
ímpetu de continuar obrando, y el alma, conociendo el propósito que el confesor tiene sobre ella,
se volverá descuidada y debilitada en su obrar. Así el alma, si manifiesta su interior a los demás,
al descubrir su secreto evaporará el ímpetu, permaneciendo toda debilitada; y si esto no ocurre
con abrirse al confesor, es porque la fuerza del sacramento mantiene el vapor y aumenta la
fuerza y pone su sello”.
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6-121
Julio 20, 1905
Cuando el alma no es fiel a los deseos de Dios,
Dios interrumpe sus designios sobre ella.
(1) Esta mañana estaba rezando por un sacerdote enfermo que había sido mi director, y
pensaba entre mí: “¿Si hubiera continuado mi dirección, habría estado enfermo o no? Y el
bendito Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quién goza los bienes que hay dentro de una casa? Ciertamente quien está
dentro, y a pesar de que una persona haya estado primero dentro, es siempre quien está en el
presente el que los goza. Como un patrón, hasta en tanto que un siervo está con él, le paga y
le hace gozar de los bienes que hay en su casa, cuando se va llama a otro, le paga y le participa
de sus bienes. Así hago cuando una cosa es querida por Mí, y es dejada por uno, la transmito
a otro, dándole todo lo que estaba destinado para el primero, así que si hubiera continuado tu
dirección, estando tu estado de víctima hubiera gozado de los bienes de tu estado, y unidos a
quien actualmente te guía, por eso no estaría enfermo. Y si el guía presente, a pesar de su
santidad, no obtiene el resto que quiere, es porque no hace plenamente lo que quiero, y a pesar
de que goza de los bienes, también algunos carismas no se los merece”.
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6-122
Julio 22, 1905
Dios no mira la obra, sino la intensidad del amor en el obrar.
(1) Estando molesta por no poder hacer ciertas mortificaciones, pareciendo que el Señor me
aborrecía y por eso no permitía que las hiciera, el bendito Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien verdaderamente me ama no se molesta jamás de nada, y busca convertir
todas las cosas en amor. ¿Por cuál motivo querías tú mortificarte? Ciertamente por amor mío,
y Yo te digo: “Por amor mío mortifícate, por amor mío toma los consuelos, y el uno y el otro