virtudes, la potencia, la gracia, la sabiduría y lo demás. Ahora, cuando el cielo de mi Humanidad,
después de la Resurrección ascendió al Cielo empíreo, mi cielo sobre la tierra debía continuar
existiendo, y éste son las almas que dan la habitación a mi Divinidad, y Yo habitando en ellas
formo mi cielo y también hago traslucir fuera el orden de las virtudes que están dentro. ¡Oh, qué
honor es para la criatura el prestar el cielo al Creador! Pero ¡oh, cuántos me lo niegan! Y tú,
¿no quisieras ser mi cielo? Dime qué quieres”.
(3) Y yo: “Señor, no quiero otra cosa que ser reconocida en tu sangre, en tus llagas, en tu
Humanidad, en tus virtudes, sólo en esto quisiera ser reconocida, para ser tu cielo y ser
desconocida por todos”. Parecía que aprobaba mi propuesta y ha desaparecido.
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6-83
Noviembre 24, 1904
Para dar y para recibir se
requiere la unión de quereres.
(1) Estando toda afligida y oprimida, y viendo al buen Jesús que chorreaba sangre, he dicho:
“Señor bendito, y a mí ¿no quieres darme al menos una gota de sangre para remedio de todos
mis males? Y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, para dar se requiere la voluntad de quien debe dar, y la voluntad de quien debe
recibir, de otra manera si una persona quiere dar y la otra no quiere recibir, a pesar de que la
primera quiera dar, no puede dar, y viceversa, si la primera no quiere dar, la otra no puede
recibir, se requiere la unión de los quereres. ¡Ay! Cuántas veces mi gracia es sofocada, mi
sangre rechazada y pisoteada”.
(3) Y mientras esto decía, veía que en la sangre del dulce Jesús se movían todas las gentes,
y muchos se salían de ella, no queriendo estar dentro de aquella sangre donde estaban
contenidos todos nuestros bienes, y cualquier remedio a nuestros males.
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6-84
Noviembre 29, 1904
La Divinidad de Jesús en su Humanidad descendió
en el abismo más profundo de todas las humillaciones
humanas, y divinizó y santificó todos los actos humanos.
(1) Esta mañana, estaba ofreciendo todas las acciones de la Humanidad de Nuestro Señor
para reparar todas nuestras acciones humanas hechas, o indiferentes sin un fin sobrenatural, o
bien pecaminosas, para impetrar que todas las criaturas hagan sus acciones con la intención y
unión de las acciones de Jesús bendito, y para llenar el vacío de la gloria que la criatura debiera
dar a Dios si esto hiciera. Mientras esto hacía, mi adorable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Divinidad en mi Humanidad descendió en el abismo más profundo de todas
las humillaciones humanas, tanto que no hubo ningún acto humano, por cuan bajo y pequeño,
que Yo no divinizara y santificara. Y esto para restituir al hombre redoblada soberanía, la perdida