propios? ¿Sin su voluntad al obrar el bien? ¿Qué papel haría él? ¿Sería objeto digno de mi
Sabiduría creadora? No, ciertamente. ¡Oh! ¿No habría sido como un hijo en una familia
extraña, que no habiendo trabajado junto con los hijos propios no tiene ningún derecho y alguna
herencia? Y por este motivo, si come, si bebe, está siempre lleno de rubor, porque sabe que no
ha hecho ningún acto propicio para atestiguar su amor hacia aquel padre; entonces por eso
jamás puede ser digno del amor de aquel padre hacia él, así que la criatura no habría sido jamás
digna del Amor Divino sin el libre albedrío. Por otra parte, mi Humanidad no debía infringir mi
Sabiduría creadora, la debía adorar como la adoró y se resignó a recibir los vacíos de la justicia
en la Humanidad, pero no en la Divinidad, porque estos vacíos de la justicia divina son llenados
con castigos en esta vida, en el infierno y en el purgatorio. Entonces, si mi Humanidad se resignó
a todo esto, ¿tal vez quisieras tú superarme y no recibir ningún vacío de sufrir sobre ti, para no
hacerme castigar a la gente? Hija, unifícate Conmigo y estate en paz”.
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6-81
Noviembre 17, 1904
Nosotros podemos ser alimento para Jesús.
(1) Habiendo recibido la comunión, estaba pensando en la bondad de Nuestro Señor al darse
en alimento a una tan pobre criatura, la cual soy yo, y en cómo podría corresponder a un favor
tan grande. Mientras esto pensaba, el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, así como Yo me hago alimento de la criatura, así la criatura puede hacerse mi
alimento, convirtiendo todo su interior para mi alimento, de modo que pensamientos, afectos,
deseos, inclinaciones, latidos, suspiros, amor, todo, todo deberían dirigir hacia Mí, y Yo viendo
el verdadero fruto de mi alimento, el cual es divinizar al alma y convertir todo en Mí, me vendría
a alimentar del alma, esto es, de sus pensamientos, de su amor y de todo el resto suyo. Así el
alma me podría decir: Así como Tú has llegado a hacerte mi alimento y darme todo, también yo
me he hecho alimento tuyo, no queda otra cosa que darte, porque todo lo que soy, todo es tuyo”.
(3) Mientras estaba en esto comprendía la ingratitud enorme de las criaturas, porque mientras
Jesús se dignaba llegar a tal exceso de amor de hacerse nuestro alimento, después nosotros le
negamos su alimento, y lo hacemos quedarse en ayunas”.
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6-82
Noviembre 18, 1904
El Cielo de Jesús sobre la tierra son las
almas que dan habitación a su Divinidad.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido mi adorable Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, mi cielo cuando vine a la tierra fue mi Humanidad; y así como en el cielo se ven
la multitud de las estrellas, el sol, la luna, los planetas, la amplitud, todo puesto en bello orden,
y éste es imagen del cielo que existe por encima, donde todo está ordenado; así mi Humanidad,
siendo mi cielo, debía traslucir fuera el orden de la Divinidad que habitaba dentro, es decir: Las