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6-79
Octubre 29, 1904
La cadena de gracias está unida a las obras perseverantes.
Todos los males están encerrados en la no perseverancia.
(1) Después de haber esperado mucho, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando el alma se dispone a hacer un bien, aunque fuera decir una “Ave María”,
la gracia concurre a hacer junto con ella dicho bien; pero si el alma no es perseverante en hacer
este bien, se ve con claridad que no estima y no valora este don recibido, y hace burla de la
misma gracia. Cuántos males están encerrados en este modo de obrar: ‘Hoy sí y mañana no;
me agrada y lo hago; para hacer este bien se requiere un sacrificio, no quiero hacerlo’. Sucede
como a aquél que habiendo recibido un don de un señor, hoy se lo recibe, mañana lo rechaza;
aquel señor por su bondad lo manda de nuevo, y aquél después de haberlo tenido por algún
tiempo, cansado de tener consigo aquel don, nuevamente lo rechaza. Ahora, ¿qué dirá aquel
señor? Se ve que no estima mi don, si empobrece o muere, no quiero tener más que ver con
él. Todo, todo está unido al modo de obrar con perseverancia, la cadena de mis gracias está
entretejida a las obras perseverantes; así que, si el alma se da sus escapadas rompe esta
cadena, ¿y quién le asegura que la unirá de nuevo? Mis designios se cumplen solamente en
quien une sus obras a la perseverancia. La perfección, la santidad, todo, todo va unido con ella,
así que si el alma es intermitente, siendo una especie de fiebre intermitente, el no obrar con
perseverancia manda al vacío los designios divinos, pierde su perfección, y frustra su santidad”.
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6-80
Noviembre 13, 1904
La criatura no habría sido jamás digna
del amor divino sin el libre albedrío.
(1) Continuando en mi habitual estado, mis amarguras van siempre aumentando por las
privaciones y silencio de mi Santísimo y único Bien. Todo es, en sus visitas, sombra y
relámpago, y huye. Me siento oprimida y tonta, no comprendo más nada, porque Aquél que
contiene la luz está lejano de mí, y como relámpago que mientras estalla aclara, pero después
se hace más oscuro que antes. Mi única herencia que me ha quedado es el Querer Divino.
Entonces, después de haber esperado mucho y sentir que no podía seguir adelante, por breves
instantes ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Humanidad, siendo Hombre y Dios, veía presentes todos los pecados, los
castigos, las almas perdidas; habría querido aferrar en un solo punto todo esto y destruir
pecados, castigos y salvar a las almas, así que habría querido sufrir no un día de Pasión, sino
todos los días para poder contener todo en Sí estas penas, y ahorrarlas a las pobres criaturas.
Con todo esto que habría querido, y podido, habría podido destruir el libre albedrío de las
criaturas y habría destruido este cúmulo de males, ¿pero qué sería del hombre sin méritos
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