flagelación, flagelándome con tres diferentes flagelos; tres veces me desnudaron; por tres veces
fui condenado a muerte: de noche, de madrugada, y en pleno día; tres fueron las caídas bajo
la cruz; tres los clavos; tres veces mi corazón derramó sangre, esto es, en el huerto por sí mismo;
de su propio centro en el acto de la crucifixión cuando fui estirado sobre la cruz, tanto, que todo
mi cuerpo quedó dislocado y mi corazón se destrozó dentro, y derramó sangre; y después de mi
muerte cuando con una lanza me fue abierto el costado; triples las tres horas de la agonía sobre
la cruz. Si todo se quisiera examinar, ¡oh! cuántas cosas triples se encontrarían. Esto no fue
por casualidad, sino que todo fue por el orden divino, y para completar la gloria debida al Padre,
la reparación que se le debía por parte de las criaturas, y merecer el bien para las mismas
criaturas, porque el don más grande que la criatura ha recibido de Dios, ha sido el crearla a su
imagen y semejanza, y dotarla con tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad, y no hay
culpa que cometa la criatura en que estas tres potencias no concurran, y por eso mancha,
estropea la bella imagen divina que contiene en sí misma, sirviéndose del don para ofender al
donador; y Yo para rehacer de nuevo esta imagen divina en la criatura, y para dar toda aquella
gloria que la criatura le debía a Dios, he concurrido con toda mi inteligencia, memoria y voluntad,
y en modo especial en estas cosas triples sufridas por Mí, para volver completa tanto la gloria
que se debía al Padre, como el bien que era necesario a las criaturas”.
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6-73
Septiembre 27, 1904
Lo que agrada más a Jesús es el sacrificio voluntario.
Las dotes naturales son luz que sirve al hombre para
encaminarlo en el camino del bien.
(1) Continuando mi habitual estado, he visto a mi bendito Jesús casi en acto de castigar a las
gentes, y habiéndole rogado que se aplacara me ha dicho:
(2) “Hija mía, la ingratitud humana es horrenda; no sólo los sacramentos, la gracia, las luces,
las ayudas que doy al hombre, sino también las mismas dotes naturales que le he dado, todas
son luces que sirven para encaminarlo en el camino del bien, y por lo tanto para encontrar la
propia felicidad, y el hombre convirtiendo todo esto en tinieblas, busca allí la propia ruina, y
mientras allí busca la ruina dice que busca mi propio bien; ésta es la condición del hombre, ¿se
puede dar ceguera e ingratitud más grande que ésta? Hija, mi único consuelo y gusto que me
puede dar la criatura en estos tiempos, es el sacrificarse voluntariamente por Mí, porque
habiendo sido mi sacrificio todo voluntario por ellos, donde encuentro la voluntad de sacrificarse
por Mí, me siento como recompensado por lo que hice por ellos. Por eso, si quieres aliviarme y
darme gusto, sacrifícate voluntariamente por Mí”.
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