6-71
Septiembre 13, 1904
La verdadera donación es tener sacrificada continuamente
la propia voluntad, y esto es un martirio de atención
continua que el alma hace a Dios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, después de haber esperado mucho, Jesús se ha
hecho ver que estaba estrechado a mí, teniendo mi corazón entre sus manos, y mirándome
fijamente me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando un alma me ha dado su voluntad, no es dueña de hacer más lo que le
place, de otra manera no sería verdadera donación. Mientras que la verdadera donación es
tener sacrificada continuamente la propia voluntad a Aquél que le fue donada, y esto es un
martirio de atención continua que el alma hace a Dios. ¿Qué dirías tú de un mártir que hoy se
ofrece a sufrir cualquier tipo de penas, y mañana se retira? Dirías que no tenía verdadera
disposición al martirio, y que un día u otro terminará por renegar de la fe. Lo mismo digo Yo al
alma que no me deja hacer de su voluntad lo que me place, y ahora me la da y luego me la
quita, y le digo: ‘Hija, no estás dispuesta a sacrificarte y martirizarte por Mí, porque el verdadero
martirio consiste en la continuación, podrás decirte resignada, uniformada, pero no mártir, y un
día u otro podrás terminarla retirándote de Mí, haciendo un juego de niños de todo”. Por eso
está atenta y dame la plena libertad de hacer contigo según el modo que más me plazca”.
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6-72
Septiembre 26, 1904
Todas las penas que Jesús sufrió en su Pasión fueron triples.
Esto no fue casual, sino que todo fue para restituir completa
la gloria debida al Padre, la reparación que le debían las
criaturas, y el bien que merecían las mismas criaturas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, oía una voz que me decía: “Hay una luz que
cualquiera que se acerque a ella puede encender cuantas lámparas quiera, y estas lámparas
sirven para hacer corona de honor a la luz, y dar luz a quien las enciende”. Yo decía para mí:
“Qué bella luz es ésta, que tiene tanta luz y tanta potencia, que mientras da a los demás cuanta
luz quieren, ella siempre queda lo que es, sin empobrecer en luz; ¿pero quién será aquél que la
tiene?” Mientras esto pensaba, he oído que me decían:
(2) “La luz es la Gracia y la tiene Dios, y el acercarse significa la buena voluntad del alma de
hacer el bien, porque cuantos bienes se quieren tomar de la Gracia, se toman, y las lámparas
que se forman son las diversas virtudes, que mientras dan gloria a Dios dan luz al alma”.
(3) Después de esto, en cuanto he visto al bendito Jesús me ha dicho: Hija mía; y esto porque
estaba pensando que Nuestro Señor no sólo una vez, sino por tres veces se hizo coronar de
espinas, y cómo aquellas espinas quedaban rotas dentro de la cabeza, y al clavarla de nuevo,
más adentro entraban las que ya estaban, y yo decía: “Dulce amor mío, ¿y por qué por tres
veces quisiste sufrir tan doloroso martirio? ¿No bastaba una vez para pagar tantos malos
pensamientos nuestros?” Así que me ha dicho:
(4) “Hija mía, no sólo la coronación de espinas fue triple, sino casi todas las penas que sufrí
en mi Pasión fueron triples. Triples fueron las tres horas de la agonía del huerto; triple fue la
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