6-65
Agosto 15, 1904
La melancolía es al alma como el invierno a las
plantas. El triunfo de la Iglesia no está lejano.
(1) Esta mañana me sentía muy oprimida, y sentía una melancolía que me llenaba toda el
alma. Parece que el bendito Jesús no me ha hecho esperar tanto, y al verme tan oprimida me
ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué tienes con esta melancolía? ¿No sabes tú que la melancolía es al alma
como el invierno a las plantas, que las despoja de hojas y les impide producir flores y frutos,
tanto que si no viniese la alegría de la primavera y del calor, las pobres plantas quedarían
inhabilitadas y terminarían por secarse? Así es la melancolía al alma, la despoja de la frescura
divina que es como lluvia que le hace reverdecer todas las virtudes; la inhabilita para hacer el
bien, y si lo hace, lo hace fatigosamente y casi por necesidad, pero no por virtud; impide crecer
en la gracia, y si no se sacude con una santa alegría, que es una lluvia primaveral que da en
brevísimo tiempo el desarrollo a las plantas, terminará por secarse en el bien”.
(3) Ahora, mientras esto decía, dentro de un relámpago he visto toda la Iglesia, las guerras
que deben sufrir los religiosos y que deben recibir de los demás; guerras entre la sociedad,
parecía una riña general; parecía también que el Santo Padre debía servirse de poquísimas
personas religiosas, tanto para reducir a buen orden el estado de la Iglesia, los sacerdotes y
otros, como por la sociedad en este estado de desconcierto. Ahora, mientras esto veía, el
bendito Jesús me ha dicho:
(4) “¿Crees tú que el triunfo de la Iglesia está lejano?”
(5) Y yo: “Cierto, ¿quién debe poner el orden a tantas cosas trastornadas?
(6) Y Él: “Al contrario, te digo que está cercano, es un choque que debe suceder, pero fuerte,
y por eso lo permitiré todo junto entre los religiosos y los seglares para abreviar tiempo. Y en
este choque que traerá un trastorno fuerte, sucederá el choque bueno y ordenado, pero en tal
estado de mortificación, que los hombres se verán perdidos, y ahí les daré tanta gracia y luz,
para conocer el mal y abrazar la verdad, haciéndote sufrir también por este propósito. Si con
todo esto no me escuchan, entonces te llevaré al Cielo, y las cosas sucederán todavía más
graves y esperarán más para que llegue el deseado triunfo”.
+ + + +
6-66
Agosto 23, 1904
Castigos, también en Italia.
(1) Esta mañana me la he pasado amarguísima, privada casi del todo de mi bendito Jesús,
sólo que me encontraba fuera de mí misma en medio de guerras y personas muertas, países
sitiados, y parecía que sucedía también en Italia. Qué espanto sentía, quería sustraerme de
escenas tan dolorosas, pero no podía, una potencia suprema me tenía ahí clavada; si fuese
ángel o santo no sé decirlo con seguridad, me ha dicho:
(2) “Pobre Italia, cómo será destrozada por guerras”.