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6-61
Agosto 9, 1904
No son las obras las que constituyen el mérito del hombre,
sino sólo la obediencia, como parto de la Voluntad Divina.
(1) Habiendo tardado en venir, de repente, como un golpe de luz ha venido y he quedado
dentro y fuera toda llena de luz, pero no sé decir lo que en esta luz ha comprendido y probado
mi alma, sólo digo que después el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, no son las obras las que constituyen el mérito del hombre, sino sólo la
obediencia es la que constituye todos los méritos como parto de la Voluntad Divina, tanto, que
todo lo que hice y sufrí en el curso de mi Vida, todo fue parto de la Voluntad del Padre, por eso
mis méritos son innumerables, porque todos fueron constituidos por la obediencia divina. Por
eso Yo no miro tanto a la multiplicidad y grandeza de las obras, sino a la conexión que tienen,
directamente a la obediencia divina, o indirectamente a la obediencia de quien me representa”.
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6-62
Agosto 10, 1904
Dios sabe el número, el valor, el
peso de todas las cosas creadas.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, me he encontrado girando en las iglesias, haciendo
el peregrinaje a Jesús Sacramentado con el ángel custodio, y habiendo dicho dentro de una
iglesia: “Prisionero de amor, Tú estás abandonado y solo, y yo he venido a hacerte compañía,
y mientras te hago compañía intento amarte por quien te ofende, alabarte por quien te desprecia,
agradecerte por quien derramaste gracias y no te rinde el tributo del agradecimiento, consolarte
por quien te aflige, repararte cualquier ofensa, en una palabra, intento hacerte todo lo que están
obligadas a hacerte las criaturas por haberte quedado en el Santísimo Sacramento, y tantas
veces intento repetirlas por cuantas gotas de agua, cuantos peces y granos de arena hay en el
mar”. Mientras esto decía, ante mi mente se han puesto todas las aguas del mar y dentro de mí
decía: “Mi vista no puede abarcar toda la bastedad del mar, ni conoce la profundidad y el peso
de aquellas inmensas aguas, pero el Señor conoce el número, su peso y medida”. Y me
quedaba toda maravillada. Mientras estaba en esto, el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Tonta, tonta que eres, ¿por qué te maravillas tanto? Lo que a la criatura le es difícil e
imposible, al Creador le es fácil y posible, e incluso natural; sucede en esto como a alguien que
mirando en un abrir y cerrar de ojos millones y millones de monedas, dice para sí: “Son
innumerables, ¿quién las puede contar? Pero el que las ha puesto en ese lugar, en una palabra
lo puede decir todo, son tantas, valen tanto, pesan tanto; hija mía, Yo sé cuántas gotas de agua
puse Yo mismo en el mar, y ninguno puede perderme ni siquiera una sola, Yo numeré todo,
pesé todo y valué todo, y así de todas las otras cosas; entonces, qué maravilla que sepa todo”.
(3) Al oír esto he dejado de admirarme, más bien me he admirado de mi locura.