todos rogaban que me hiciera sufrir, y Jesús bendito, viniendo a nuestro encuentro en forma de
crucificado me participaba sus penas, y no sólo una vez, sino que casi toda la mañana me la he
pasado en continuas renovaciones de la crucifixión, y después me ha dicho:
(4) “Hija mía, los sufrimientos desvían mi justo enojo y se renueva la luz de la gracia en las
mentes humanas. ¡Ah! hija, ¿crees tú que serán los seglares los primeros en perseguir a mi
Iglesia? ¡Ah! no, serán los religiosos, las mismas cabezas, que fingiéndose por ahora hijos,
pastores, pero en el fondo son serpientes venenosas que se envenenan a sí mismos y a los
demás, los que empezarán a dañar entre ellos mismos a esta buena madre, y después seguirán
los seglares”.
(5) Y después, habiéndome llamado la obediencia, el Señor se ha retirado pero todo
amargado.
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6-60
Agosto 8, 1904
Buscar a Jesús en el interior de nosotros, no en el exterior.
Todo debe estar encerrado en una palabra: “Amor”.
Quien ama a Jesús es otro Jesús.
(1) Continuaba esperando, y en cuanto ha venido mi adorable Jesús, si bien lo sentía cercano,
pero hacía por tocarlo y huía, y casi me impedía salir fuera de mí misma para ir en su busca.
Después de haber esperado mucho, en cuanto se ha hecho ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, no me busques fuera de ti sino dentro de ti, en el fondo de tu alma, porque si
sales fuera y no me encuentras sufrirás mucho y no podrás resistir; si me puedes encontrar con
más facilidad, ¿por qué quieres fatigarte?”
(3) Y yo: “Creo que si no te encuentro rápido en mí, puedo encontrarte fuera, es el amor lo
que a esto me empuja”.
(4) Y Él: “¡Ah! ¿Es el amor lo que a esto te empuja? Todo, todo debería estar encerrado en
una sola palabra: “Amor”, y quien no encierra todo en esto, se puede decir que del amarme el
alma no conoce ni siquiera una jota, y a medida que el alma me ame, así le engrandezco el don
del sufrir”.
(5) Y yo interrumpiendo su hablar, toda sorprendida y afligida he dicho: “Vida mía y todo mi
bien, entonces yo poco o nada sufro, por consiguiente poco o nada te amo, qué espanto, al sólo
pensar que no te amo mi alma siente por ello un vivo disgusto, y casi me siento ofendida por Ti”.
(6) Y Él ha agregado: “Yo no intento disgustarte, tu disgusto oprimiría más mi corazón que
el tuyo, y además no debes mirar sólo los sufrimientos corporales, sino también los espirituales,
la voluntad verdadera que tienes de sufrir, porque el querer el alma verdaderamente sufrir, ante
Mí es como si el alma lo hubiera sufrido, por eso tranquilízate y no te turbes, y déjame continuar
mi decir: ¿No has visto alguna vez a dos íntimos amigos? ¡Oh! Cómo tratan de imitarse el uno
al otro y de retratar en sí mismo al amigo, por lo tanto imitan la voz, los modos, los pasos, las
obras, los vestidos, así que el amigo puede decir: ‘Aquél que me ama es otro yo mismo, y siendo
yo mismo no puedo hacer menos que amarlo”. Así hago Yo por el alma que se encierra a toda
sí misma como dentro de un breve giro de amor, todo Yo me siento como retratado en ella
misma, y encontrándome Yo mismo, de todo corazón la amo, y no puedo hacer otra cosa que
estarme con ella, porque si la dejo me dejaría a Mí mismo”.
(7) Mientras esto decía ha desaparecido.