6-58
Agosto 6, 1904
La privación es pena de fuego que enciende,
consume, aniquila, y su finalidad es destruir la
vida humana, para dar lugar a la vida divina.
(1) Esta mañana me la he pasado muy amargada por la privación de mi sumo y único bien,
era tanto el dolor de la privación, que encontrándome fuera de mí misma, era tanta la pena del
alma, que la misma pena le suministraba tal fuerza, que lo que encontraba quería destruir como
si fuera un obstáculo para encontrar su todo, Dios, y no encontrándolo gritaba, lloraba, corría
más que el viento, quería trastornar todo, poner todo de cabeza para encontrar la vida que le
faltaba. ¡Oh! privación, cuán intensa es tu amargura, tu dolor es siempre nuevo, y porque es
siempre nuevo el alma siente siempre nueva la acerbidad de la pena; mi alma siente como si
una sola carne se separara en tantos pedazos, y todos aquellos pedazos piden con justicia la
propia vida, y sólo la encontrarán si encuentran a Dios más que vida propia. Pero ¿quién puede
decir el estado en que me encontraba? Mientras estaba en esto han concurrido santos, ángeles,
almas purgantes haciéndome corona alrededor e impidiéndome correr, compadeciéndome y
asistiéndome, pero para mí era todo inútil, porque entre ellos no encontraba a Aquél que era el
único que podía mitigar mi dolor y restituirme la vida, y más gritaba llorando: “Díganme, ¿dónde,
dónde lo puedo encontrar? Si quieren tener piedad de mí, no tarden en indicármelo, porque no
puedo más”. Entonces, después de esto ha salido del fondo de mi alma, parecía que fingía
dormir sin sentir pena de la dureza de mi pobre estado, y a pesar de que Él no sentía pena y
dormía, al sólo verlo he respirado la propia vida como se respira el aire, diciendo: “Ah, está aquí
conmigo” Sin embargo no exenta de pena al ver que ni siquiera me ponía atención. Por eso,
después de mucho penar, como si se hubiera despertado me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las otras tribulaciones pueden ser penitencias, expiaciones,
satisfacciones, pero sólo la privación es pena de fuego que enciende, consume, aniquila, y no
se rinde si no ve destruida la vida humana, pero mientras consume, vivifica y constituye la Vida
Divina”.
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6-59
Agosto 7, 1904
Los primeros en perseguir a la Iglesia serán los religiosos.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me he encontrado rodeada de ángeles y santos,
los cuales me han dicho:
(2) “Es necesario que tú sufras más por las cosas inminentes que están por suceder contra
la Iglesia, porque si no suceden inmediatamente, el tiempo las hará suceder más moderadas y
con menor ofensa de Dios”.
(3) Y yo he dicho: “¿Está acaso en mi poder el sufrir? Si el Señor me lo da, de buena gana
sufriré”. Mientras tanto me han tomado y me han conducido ante el trono de nuestro Señor, y
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