amor, y este cielo quedará con una tinta y un lineamiento divino todo especial. Otro ha buscado
glorificarlo de más, Dios bendito le dará siempre más creciente gloria, para quedar este nuevo
cielo más glorioso y glorificado de la misma gloria divina. Y así de todos los otros modos distintos
que cada uno ha tenido con Dios en la tierra, que si yo quisiera decirlo todo me alargaría
demasiado. Así que se puede decir que lo que se hace para Dios en la tierra, lo continuaremos
en el Cielo, pero con mayor perfección, entonces el bien que hacemos no es temporal, sino que
durará para toda la eternidad y resplandecerá ante Dios y en torno a nosotros continuamente.
¡Oh! cómo seremos felices viendo que todo nuestro bien y la gloria que dimos a Dios, y la
nuestra, viene de aquel poco de bien iniciado imperfectamente sobre la tierra; si todos lo
pudieran ver, ¡oh! cómo se apresurarían para amar, alabar, agradecer y más al Señor, para
poderlo hacer con mayor intensidad en el Cielo. ¿Pero quién puede decirlo todo? Más bien me
parece que estoy diciendo tantos desatinos de aquella bienaventurada morada, la mente lo capta
de un modo, la boca no encuentra las palabras para saberse manifestar, por eso paso a otra
cosa.
(2) Después me ha transportado a la tierra. ¡Oh! cómo los males de la tierra son
espeluznantes en estos tristes tiempos, sin embargo parecen nada aún en comparación de lo
que vendrá, tanto en el estado religioso, que parece que sus mismos hijos desgarrarán a
pedazos a esta buena y santa madre, la Iglesia; como en el estado seglar. Entonces, después
de esto me ha reanimado y me ha dicho:
(3) “Hija mía, dime un poco qué soy Yo para ti”.
(4) Y yo: “Todo, todo eres para mí, ninguna cosa entra en mí excepto Tú solo, todo corre
fuera”.
(5) Y Él: “Y Yo soy todo, todo para ti, nada de ti sale fuera de Mí, sino que todo me deleito
en ti. Así que del mismo modo que Yo soy para ti, puedes ver cómo tú eres para Mí”.
(6) Dicho esto ha desaparecido.
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6-57
Agosto 5, 1904
Jesús es regidor de los reyes y señor de los dominadores.
(1) Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús ha venido en acto de regir y dominar
todo, y de reinar con la corona de rey en la cabeza y con el cetro de mando en la mano, y
mientras lo veía en esta actitud me ha dicho, pero en latín, por lo que yo lo digo según he
entendido:
(2) “Hija mía, Yo soy el regidor de los reyes y Señor de los dominadores, y sólo a Mí me
corresponde este derecho de justicia que me debe la criatura, y que no dándomelo, me
desconoce como Creador y dueño de todo”.
(3) Y mientras esto decía, parecía que tomaba en un puño el mundo y lo agitaba de arriba a
abajo para hacer que las criaturas se sometieran a su régimen y dominio. Y al mismo tiempo
veía también cómo nuestro Señor regía y dominaba mi alma con una maestría tal, que me sentía
toda abismada en Él, y de Él partía el régimen de mi mente, de los afectos, de los deseos, así
que entre Él y yo había tantos hilos eléctricos, que todo dirigía y dominaba.
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