unía conmigo, y yo no hacía otra cosa que seguirlo, pero todo era silencio, y no se hacía otra
cosa en este silencio que fundirse con Dios, y todo el interior, afectos, latidos, deseos, respiros,
se convertían en profundas adoraciones a la Majestad Suprema. Entonces, después de haber
estado un poco de tiempo en este estado, parecía que las Tres hablaban, pero formaban una
sola voz, y me han dicho:
(2) “Hija querida nuestra, ánimo, fidelidad y atención suma al seguir lo que la Divinidad obra
en ti, porque todo lo que haces no lo haces tú, sino que no haces otra cosa que dar tu alma por
habitación a la Divinidad. Te sucede a ti como a una pobre que teniendo un pequeño cuartucho,
el rey lo pide por habitación, y ella lo da y hace todo lo que quiere el rey; entonces, habitando el
rey aquel pequeño cuartucho, contiene riquezas, nobleza, gloria y todos los bienes, ¿pero de
quién son? Del rey, y si el rey lo quiere dejar, a la pobre ¿qué cosa le queda? Le queda siempre
su pobreza”.
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6-43
Junio 10, 1904
Jesús habla de la belleza del hombre.
(1) Continuando mi habitual estado, en cuanto ha venido mi adorable Jesús, todo afligido y
doliente me ha dicho:
(2) “¡Ah! hija mía, si el hombre se conociera a sí mismo, ¡oh! cómo se cuidaría de mancharse,
porque es tal y tanta su belleza, su nobleza, su hermosura, que todas las bellezas y diversidad
de las cosas creadas las reúne en sí, y esto porque siendo creadas todas las otras cosas de la
naturaleza para servicio del hombre, y el hombre debía ser superior a todas, por lo tanto, para
ser superior debía reunir en sí todas las cualidades de las otras cosas creadas, y no sólo eso,
sino que habiendo sido creadas las otras cosas para el hombre y el hombre sólo para Dios y
para su delicia, por consecuencia no sólo debía reunir en sí todo lo creado, sino que debía
superarlo hasta recibir en sí mismo la imagen de la Majestad Suprema. Y el hombre a pesar de
todo esto, no cuidando todos estos bienes, no hace otra cosa que ensuciarse con las más feas
porquerías”.
(3) Y ha desaparecido. Entonces yo comprendía que a nosotros nos sucede como a una
pobre, que habiendo recibido un vestido tejido de oro, enriquecido con gemas y con piedras
preciosas, como no entiende ni conoce su valor, lo tiene expuesto al polvo, lo ensucia fácilmente
y lo tiene como un vestido tosco y de poco valor, de modo que si se le quita, poco o ningún
disgusto siente. Así es nuestra ceguera respecto a nosotros mismos.
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6-44
Junio 15, 1904
La criatura no es otra cosa que un pequeño recipiente
lleno de dosis de todas las partículas divinas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, en cuanto ha venido me ha dicho:
(2) “Hija amada mía, me es tan querida la criatura y la amo tanto, que si la criatura lo
comprendiera le estallaría el corazón de amor, y esto es tan cierto, que al crearla no la hice otra
cosa que un pequeño recipiente lleno de partículas de los atributos divinos, de modo que de