todo mi Ser, atributos, virtudes, perfecciones, el alma contiene muchas pequeñas partículas de
todo ello, según la capacidad dada por Mí, y esto a fin de que pudiera encontrar en ella otros
tantos pequeños distintivos correspondientes a mis atributos y así poder deleitarme y juguetear
perfectamente con ella. Ahora, este pequeño recipiente lleno de lo divino, cuando el alma se
ocupa de las cosas materiales y las hace entrar en ella, hecha afuera alguna cosa de lo divino
y toma su lugar alguna cosa material; qué afrenta recibe la Divinidad y qué daño el alma; pero
si por necesidad se ocupa de las cosas materiales, ¡cuánta atención se requiere para no
hacerlas entrar! Tú, hija, está atenta, de otra manera, si veo en ti alguna cosa que no sea divina,
Yo no me haré ver más”.
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6-45
Junio 17, 1904
La consumación de la voluntad humana en la
divina, nos vuelve una sola cosa con Dios, y
pone en nuestras manos el divino poder.
(1) Esta mañana, después de mucho esperar, el bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira cuántas cosas se dicen de virtud, de perfección, sin embargo van a
terminar todas en un solo punto, es decir, en la consumación de la voluntad humana en la Divina.
Así que quien más está consumado en ésta, se puede decir que contiene todo y es el más
perfecto de todos, porque todas las virtudes y obras buenas son tantas llaves que nos abren los
tesoros divinos, nos hacen adquirir más amistad, más intimidad, más trato con Dios, pero sólo
la consumación es la que nos vuelve una cosa con Él y pone en nuestras manos el divino poder,
y esto porque la vida debe tener una voluntad para vivir, ahora, viviendo de la Voluntad Divina,
naturalmente se vuelve dueña”.
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6-46
Junio 19, 1904
Habla de castigos.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, oía a mi adorable Jesús que decía junto a mí:
(2) “Hija mía, en qué momento tan doloroso está por entrar la Iglesia, pero toda la gloria en
estos tiempos es de aquellos espíritus atléticos que no poniendo atención a cuerdas, cadenas y
penas, no hacen otra cosa que romper el sendero espinoso que divide la sociedad de Dios”.
(3) Después ha continuado: “En el hombre se ve una avidez de sangre humana. Él desde la
tierra, y Yo desde el Cielo concurriré con terremotos, incendios, huracanes, desgracias, para
hacerlos morir en buena parte”.
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