virtud de ver las cosas de la tierra, porque el ojo, viéndolas diferentes de lo que son, las ve y las
ama”.
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6-39
Mayo 28, 1904
La mortificación derrumba todo e inmola todo a Dios.
(1) Continuando mi habitual estado, y estando con suma amargura por las continuas
privaciones de mi adorable Jesús, se ha hecho ver diciéndome:
(2) “Hija mía, la primera mina que se debe arrojar en el interior del alma es la mortificación, y
cuando esta mina se pone en el alma echa por tierra todo, e inmola todo a Dios, porque en el
alma hay como tantos palacios, pero todos de vicios, como sería el orgullo, la desobediencia y
tantos otros vicios, y la mina de la mortificación derrumbándolo todo reedifica muchos otros
palacios de virtudes, inmolándolos y sacrificándolos todos a la gloria de Dios”.
(3) Dicho esto ha desaparecido, y después ha venido el demonio que sólo quería molestarme,
y yo sin sentir miedo le he dicho: “¿Qué ganas con molestarme? Quieres aparentar ser más
valiente, toma un palo y golpéame hasta no dejarme ni siquiera una gota de sangre, entendiendo
sin embargo, que cada gota de sangre que derrame es un testimonio de más de amor, de
reparación y de gloria que intento dar a mi Dios”.
(4) Y aquél: “No encuentro palos para poderte golpear, y si voy a buscarlo tú no me esperas”.
(5) Y yo: “Ve entonces que aquí te espero”. Y así se ha ido, quedando yo con la firme
voluntad de esperarlo, cuando con mi sorpresa he visto que habiéndose encontrado con otro
demonio iban diciendo: “Es inútil que regresemos, ¿en qué aprovecha el golpear si debe servir
para nuestro daño y con nuestra pérdida? Es bueno hacer sufrir a quien no quiere sufrir, porque
éste ofende a Dios, pero a quien quiere sufrir, nos hacemos mal con nuestras manos”. Y no ha
regresado, quedando yo mortificada.
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6-40
Mayo 30, 1904
La Pasión sirve como vestido al hombre. La
soberbia transforma en demonios las imágenes de Dios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando y ofreciendo la Pasión de
Nuestro Señor, especialmente la corona de espinas, y le rogaba que diera luz a tantas mentes
cegadas, que se hiciera conocer, porque es imposible conocerlo y no amarlo. Mientras esto
decía, mi adorable Jesús ha salido de dentro de mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuánta ruina hace en el alma la soberbia, basta decirte que forma un muro de
división entre la criatura y Dios, y de imágenes mías las transforma en demonios. Y además, si
tanto te duele y te desagrada que las criaturas sean tan ciegas que ellas mismas no entiendan
ni vean el precipicio en el cual se encuentran, y tanto deseas que Yo las ayude, mi Pasión sirve