(3) Yo al oír esto he dicho: “Querido de mi corazón, recitemos tres Gloria Patri poniendo la
intención de dar toda la gloria que debe la criatura a vuestra Divinidad, así recibirá al menos una
reparación”.
(4) Y Él: “Sí, sí, recitémoslas”.
(5) Y las hemos recitado juntos, después hemos recitado un Ave María, poniendo también la
intención de dar a la Reina Madre toda la gloria que le deben las criaturas. ¡Oh! cómo era bello
rezar con el bendito Jesús, me encontraba tan bien que he continuado: “Amado mío, cómo
quisiera hacer la profesión de fe en tus manos al recitar junto contigo el Credo”.
(6) Y Él: “El Credo lo recitarás tú sola, porque a ti te corresponde, no a Mí, y lo dirás a nombre
de todas las criaturas para darme más gloria y honor”.
(7) Entonces yo he puesto mis manos en las suyas y he recitado el Credo, después de esto
el bendito Jesús me ha dicho:
(8) “Hija mía, parece que me siento más aliviado y alejada aquella nube negra de la ingratitud
humana, especialmente de las devotas. ¡Ah! hija mía, la acción externa tiene tanta fuerza de
penetrar en el interior, que forma un vestido material al alma, y cuando el toque divino la toca,
no lo sienten vivo, porque tienen la vestidura fangosa invistiendo al alma, y no sintiendo la
vivacidad de la gracia, la gracia, o es rechazada o queda infructuosa. ¡Oh! cómo es difícil gozar
los placeres, vestir de lujo externamente, y despreciarlos internamente, más bien sucede lo
contrario, esto es, amar en el interior y gozar de lo que externamente nos rodea. Hija mía,
considera tú misma cuál no es el dolor de mi corazón en estos tiempos, ver mi gracia rechazada
por todo tipo de gente, mientras que todo mi consuelo es el socorrer a las criaturas, y toda la
vida de las criaturas es la ayuda divina, y las criaturas me rechazan mi socorro y mi ayuda. Entra
tú a tomar parte de mi dolor y compadece mis amarguras”.
(9) Dicho esto ha desaparecido, quedando toda afligida por las penas de mi adorable Jesús.
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6-37
Abril 29, 1904
La vida de Dios se manifiesta en las criaturas con las
palabras, con las obras y con los sufrimientos, pero
lo que la manifiesta más claramente son los sufrimientos.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado rodeada por tres vírgenes, las cuales
tomándome querían a viva fuerza crucificarme sobre una cruz, y yo como no veía al bendito
Jesús, temiendo, ponía resistencia, y ellas viendo mi resistencia me han dicho: “Hermana
queridísima, no temas que no esté nuestro Esposo, deja que te comencemos a crucificar, que
el Señor atraído por la virtud de los sufrimientos vendrá, nosotras venimos del Cielo, y como
hemos visto males gravísimos que están por suceder en Europa, para hacer que al menos
sucedan más benignos hemos venido a hacerte sufrir”. Mientras tanto me han traspasado con
clavos las manos y los pies, pero con tal crudeza de dolor que me sentía morir. Ahora, mientras
sufría ha venido el bendito Jesús, y viéndome con severidad me ha dicho:
(2) “¿Quién te ha ordenado ponerte en estos sufrimientos? Entonces ¿para qué me sirves?
¿Para no poder ni siquiera ser libre de hacer lo que quiero, y para ser un continuo estorbo a mi
justicia?”
(3) Yo en mi interior decía: “Qué quiere de mí, yo ni siquiera quería, han sido ellas las que
me han inducido, y la toma contra mí”. Pero no podía hablar por lo acerbo del dolor; aquellas
vírgenes viendo la severidad de nuestro Señor, más me hacían sufrir sacando y volviendo a
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