(6) “¿Entonces es misericordia lo que tú quieres? Pero si quieres verdadera misericordia, la
justicia después de que se haya desahogado, producirá grandes y abundantes frutos de
misericordia”.
(7) Entonces, no sabiendo más qué decir, he dicho: “Padre infinitamente santo, cuando los
siervos, los necesitados se presentan a los patrones, a los ricos, si son buenos, si no dan todo
lo que es necesario, les dan siempre alguna cosa, y yo, que he tenido el bien de presentarme
ante Ti, dueño absoluto, rico sin término, bondad infinita, nada quieres dar a esta pobrecita de
lo que te ha pedido, ¿no queda acaso más honrado y contento el patrón cuando da que cuando
niega lo que es necesario a sus siervos? Después de un momento de silencio ha agregado:
(8) “Por amor tuyo, en vez de hacer por diez haré por cinco”.
(9) Dicho esto han desaparecido, y yo veía en más partes de la tierra, y especialmente en
Europa, multiplicarse guerras, guerras civiles y revoluciones.
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6-35
Abril 21, 1904
Quien tiene el título de víctima puede luchar con la justicia.
(1) Continuando mi habitual estado, oía alrededor de mi lecho a personas que rogaban a
nuestro Señor, yo no ponía atención a escuchar qué cosa querían, ponía atención sólo a que ya
era tarde y que Jesús bendito no se hacía ver todavía. ¡Oh! cómo se destrozaba mi corazón
temiendo que no viniera, y decía entre mí: “Señor bendito, estamos ya en la última hora, ¿y no
vienes aún? ¡Ay! no me des este disgusto, al menos hazte ver”. Mientras esto decía ha salido
de dentro de mi interior y ha dicho a aquellos que estaban a mi alrededor:
(2) “Luchar con mi justicia no es lícito a las criaturas, sino sólo le es lícito a quien tiene el título
de víctima, y no sólo de luchar sino de jugar con la justicia, y esto porque al luchar o jugar
fácilmente se reciben los golpes, las derrotas, las pérdidas, y la víctima está pronta a recibir
sobre sí los golpes, resignarse en las derrotas y pérdidas sin que ponga atención a sus pérdidas,
a los sufrimientos, sino sólo a la gloria de Dios y al bien del prójimo. Si Yo me quisiera aplacar,
tengo aquí a mi víctima que está pronta a luchar y a recibir sobre sí todo el furor de mi justicia”.
(3) Se ve que estaban rogando para aplacar al Señor, yo he quedado mortificada y más
amargada al escuchar esto de nuestro Señor.
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6-36
Abril 26, 1904
El hábito no hace al monje.
(1) Esta mañana, encontrándome fuera de mí misma me he encontrado con el niño Jesús en
brazos, rodeada de varias personas devotas, sacerdotes, muchos de los cuales estaban atentos
a la vanidad, al lujo y a la moda, y parecía que decían entre ellos aquel dicho antiguo: “El hábito
no hace al monje”. Y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Amada mía, ¡oh! cuán defraudado me siento por la gloria que me debe la criatura, y que
con tanta desfachatez me niega, y hasta por las personas que se dicen devotas”.
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