casi estoy persuadida de que no vendrá más. Entonces, cuando apenas lo he visto llevando un
cáliz en la mano me ha dicho:
(2) “Hija mía, si además del alimento del amor me das el pan de tu paciencia, porque el amor
paciente y sufriente es alimento más sólido, más sustancioso y tonificante, porque si el amor no
es paciente se puede decir que es amor vacío, ligero y sin ninguna sustancia, así que se puede
decir que faltan las materias necesarias para formar el pan de la paciencia. Por eso si tú me
das este pan, Yo te daré el pan dulce de la gracia”.
(3) Y mientras esto decía me ha dado a beber lo que estaba dentro del cáliz que llevaba en
la mano, que parecía dulce, como una especie de licor que no sé distinguir, y ha desaparecido.
(4) Después de esto veía en torno a mi lecho a muchas personas forasteras: sacerdotes,
hombres de bien, mujeres que parecía que debían venir a encontrarme, y algunos de ellos
parecía que decían al confesor: “Danos noticias de esta alma, de todo lo que el Señor le ha
manifestado, las gracias que le ha hecho, porque nos ha manifestado el Señor desde 1882 que
escogía una víctima, y la señal de esta víctima sería que el Señor la habría mantenido siempre
en este estado como jovencita, tal cual como cuando la eligió, sin envejecerse o cambiarse la
misma naturaleza”. Ahora, mientras esto decían, no sé cómo yo me veía tal cual como cuando
me acosté en el lecho, sin que hubiera cambiado en nada por haber estado tantos años en este
estado de sufrimiento”.
+ + + +
6-34
Abril 16. 1904
Jesús y Dios Padre hablan sobre la Misericordia.
(1) Continuando mi habitual estado me he encontrado fuera de mí misma, y veía una multitud
de gentes, y en medio de ellas se oían rumores de bombas y estallidos, y las personas caían
muertas y heridas, los que quedaban huían a un palacio cercano, pero los enemigos lo asaltaban
y los mataban con más seguridad que a aquellos que permanecían al descubierto. Entonces yo
decía entre mí: “Cómo quisiera ver si está el Señor entre estas gentes para decirle: “Ten
misericordia, piedad de esta pobre gente”. Entonces he girado y vuelto a girar y lo he visto como
pequeño niñito, pero poco a poco iba creciendo hasta que ha llegado a edad perfecta, entonces
yo me he acercado y le he dicho: “Amable Señor, ¿no ves la tragedia que sucede? ¿No quieres
hacer más uso de la misericordia, tal vez quieres tener inútil este atributo que siempre ha
glorificado con tanto honor tu Divinidad encarnada, haciendo con ella una corona especial a tu
augusta cabeza y adornándote una segunda corona tan querida y amada por Ti, como son las
almas?” Ahora, mientras esto decía, Él me ha dicho:
(2) “Basta, basta, no sigas adelante, tú quieres hablar de misericordia, ¿y de la justicia qué
haremos? Lo he dicho y te lo repito, es necesario que la justicia tenga su curso”.
(3) Por lo tanto he repetido: “No hay remedio, ¿y para qué dejarme en esta tierra cuando no
puedo aplacarte más y sufrir yo en lugar de mi prójimo? Siendo así es mejor que me hagas
morir”. Mientras estaba en esto veía a otra persona detrás de las espaldas de Jesús bendito, y
me ha dicho casi haciéndome señas con los ojos: “Preséntate a mi Padre y ve qué cosa te dice”.
Yo me he presentado toda temblando, y apenas me ha visto me ha dicho:
(4) “¿Qué quieres que has venido a Mí?”
(5) Y yo: “Bondad adorable, misericordia infinita, sabiendo que Tú eres la misma misericordia,
he venido a pedirte misericordia, misericordia para tus mismas imágenes, misericordia para las
obras creadas por Ti, misericordia no para otros, sino para tus mismas criaturas”. Y Él me ha
dicho: