(6) Y de nuevo ha agregado: “¿Entonces no quieres nada más? ¿Yo solo te basto? ¿Tus
deseos no tienen otra vida en ti que Yo sólo? Entonces toda tu confianza debe estar sólo en Mí,
y a pesar de que no quieres nada obtendrás todo”.
(7) Y sin darme más tiempo, como relámpago ha desaparecido. Entonces yo he quedado
muy disgustada, especialmente porque por cuanto más lo llamaba, no regresaba, y pensaba
entre mí: “Yo no quiero nada, no pienso, no me ocupo sino solamente de Él, y Él parece que no
se interesa de mí, no sé como su buen corazón puede llegar a tanto”. Y tantos otros disparates
que yo decía. Ahora, mientras estaba en esto, ha regresado y me ha dicho:
(8) “Gracias, gracias. ¿Qué es más, cuando el Creador agradece a la criatura o cuando la
criatura agradece al Creador? Ahora, debes saber que cuando tú me esperas y tardo en venir,
Yo te agradezco a ti; cuando vengo pronto, tú estás obligada a agradecerme a Mí. Entonces,
¿te parece poco que tu Creador te dé la ocasión de poder quedar obligado contigo y
agradecerte?”
(9) Yo he quedado toda confundida.
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6-32
Abril 12, 1904
La paz es el más grande tesoro.
(1) Esta mañana me sentía turbada por la ausencia del bendito Jesús, entonces después de
haber esperado mucho, en cuanto lo he visto me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando un río está expuesto a los rayos del sol, viendo dentro de él se ve el
mismo sol que está en el cielo, pero esto sucede cuando el río está calmado, sin que ningún
viento perturbe las aguas; pero si las aguas están turbadas, a pesar de que el río está todo
expuesto al sol, nada se ve, todo es confusión. Así el alma cuando está expuesta a los rayos
del Sol Divino, si está calmada advierte el Sol divino en sí misma, siente el calor, ve la luz y
comprende la verdad; pero si está turbada, a pesar de que lo tiene en sí misma, no siente otra
cosa que confusión y turbación. Por eso considera a la paz como el más grande tesoro, si ansías
estar unida Conmigo”.
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6-33
Abril 14, 1904
Si el alma da a Dios el alimento del amor
paciente, Dios dará el pan dulce de la Gracia.
(1) Continuando mi habitual estado, pero siempre con inmensa amargura en mi alma por la
privación del bendito Jesús, y que a lo más viene cuando ya no puedo más, y después de que