(3) Y ha desaparecido. Entonces, habiendo venido el confesor le he dicho todo, y él me ha
dicho que no estaba bien, porque es el dolor el que purga al alma, y que la resignación no
entraba en esto. Por eso, después de haber recibido la comunión he dicho: “Señor, el padre
me ha dicho que no está bien lo que me has dicho, explícate mejor y hazme conocer la verdad”.
Y Él bondadosamente ha agregado:
(4) “Hija mía, cuando se trata de pecado voluntario, entonces se requiere el dolor, pero
cuando se trata de imperfecciones, de debilidades, de frialdades y otras cosas, y que el alma no
ha puesto nada de lo suyo, entonces basta un acto de perfecta resignación, y se tiene necesidad
también de este estado para quedar purgado, porque el alma al hacer este acto primero se
encuentra con la Voluntad Divina que purga la voluntad humana y la embellece con sus
cualidades, y después se funde conmigo”.
+ + + +
6-30
Abril 10, 1904
Las tres cuerdas que atan por todos lados y estrechan
más íntimamente a Jesús con el alma, son: Sufrimientos
asiduos, reparación perpetua, amor perseverante.
(1) Esta mañana, encontrándome con el temor de que el bendito Jesús viéndome aún tan
mala me hubiera dejado, lo he sentido salir de dentro de mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿por qué te ocupas en pensamientos inútiles y en cosas que no existen? Debes
saber que hay tres títulos ante Mí que como tres cuerdas me atan por todas partes y me
estrechan más íntimamente a ti, de modo que no puedo dejarte, y son: Sufrimientos asiduos,
reparación perpetua, amor perseverante. Si tú como criatura eres continua en esto, ¿tal vez el
Creador será menos que la criatura? ¿O se dejará vencer por ella? Esto no es posible”.
+ + + +
6-31
Abril 11. 1904
Jesús agradece a Luisa.
(1) Continuando mi acostumbrado estado, después de haber esperado mucho, en cuanto he
visto a mi adorable Jesús me ha dicho:
(2) “Tú que tanto me querías contigo, ¿qué cosa quieres, qué te importa más?”
(3) Y yo: “Señor, nada quiero, lo que más me importa eres sólo Tú”.
(4) Y Él ha repetido: “Cómo, ¿no quieres nada? Pídeme cualquier cosa, la santidad, mi
gracia, las virtudes, que Yo todo te puedo dar”.
(5) Y yo de nuevo he dicho: “Nada, nada, te quiero sólo a Ti y lo que quieres Tú”.
350 sig