que si el alma no ha llegado a identificarse en todo con mi Humanidad, muchas obras que hace
se pierden. Y habiéndola hecho llegar a este punto, ¿por qué no puedo Yo llevármela?”
(3) Ahora, mientras esto decían, pensaba entre mí: “Parece que todos están en mi contra, la
obediencia no quiere que yo muera, estos están rogando al Señor que no me lleve, ¿qué cosa
quieren de mí? Yo no sé por qué casi a la fuerza quieren que esté en esta tierra, lejana de mi
sumo bien”. Y toda me afligía. Mientras esto pensaba Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía amada, no quieras afligirte, las cosas del mundo se ponen tristísimas y siempre
más empeorarán, si llega el punto en que deba dar libre desahogo a mi justicia te llevaré, y
entonces no escucharé más a ninguno”.
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6-20
Febrero 21, 1904
Promesa.
(1) Ante la presencia de la Santísima Trinidad, de la Reina Madre María Santísima, de mi
ángel custodio, y de toda la corte celestial, y por obedecer a mi confesor, prometo que si el Señor
por su infinita misericordia me hiciera la gracia de morir, cuando me encuentre junto con mi
Esposo Celestial, rogaré y suplicaré el triunfo de la Iglesia y la confusión y conversión de sus
enemigos; que en nuestro país triunfe el partido católico y que la iglesia de San Cataldo se
reabra al culto, que mi confesor quede libre de sus acostumbrados sufrimientos, con una santa
libertad de espíritu y la santidad de un verdadero apóstol de nuestro Señor, y que si el Señor
permite el mandarme a él, al menos una vez al mes para referirle las cosas celestiales y cosas
pertenecientes al bien de su alma. Esto prometo, cuanto está de mi parte y lo juro.
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6-21
Febrero 22, 1904
El gran don de tener una víctima.
(1) Esta mañana encontrándome en mi habitual estado, en cuanto he visto al bendito Jesús
veía personas que sufrían, y yo rogaba a Jesús que las liberara de aquellos sufrimientos aun a
costa de sufrir yo en lugar de ellos, y Él me ha dicho:
(2) Si tú quieres sufrir tanto porque eres víctima, qué pasará después cuando no esté la
víctima, entonces verán el vacío que sentirán aquellos que te rodean, el propio país y también
los reinos. ¡Oh! Cómo conocerán entonces, con la pérdida, el gran bien que Yo les había dado
dándoles una víctima”.
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