6-15
Diciembre 28, 1903
Cómo todas las vidas están en Cristo.
(1) Después de haber esperado mucho, en cuanto ha venido mi bendito Jesús, me hacía ver
muchas almas humanas en su Humanidad, y mientras esto veía me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas las vidas humanas están en mi Humanidad en el Cielo como dentro de
un claustro, y estando dentro de mi claustro, de Mí parte el régimen de sus vidas, no sólo esto,
sino que mi Humanidad siendo claustro, hace las vidas de cada alma; cual no es mi alegría
cuando las almas se están en este claustro, y el eco que sale de mi Humanidad se combina con
el eco de cada vida humana de la tierra; y cual es mi amargura cuando veo que las almas no
están contentas y se salen, y otras se están, pero forzadas y de mala gana, no se someten a las
reglas y al régimen de mi claustro, por eso los ecos no se combinan juntos”.
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6-16
Enero 6, 1904
La raza humana es toda una familia; cuando uno
hace alguna obra buena y la ofrece a Dios, toda la
familia humana participa en aquel ofrecimiento,
y para Él es como si todos se la ofrecieran.
(1) Continuando mi habitual estado ha venido el bendito niño Jesús, y después de haberse
puesto entre mis brazos y haberme bendecido con sus manitas, me ha dicho:
(2) “Hija mía, siendo la raza humana toda una familia, cuando alguno hace alguna obra buena
y me ofrece alguna cosa, toda la familia humana participa en aquel ofrecimiento y me está
presente como si todos me la ofrecieran. Como hoy los magos, al ofrecerme sus dones Yo tuve
en sus personas presente a toda la generación humana, y todos participaron del mérito de su
buena obra. La primera cosa que me ofrecieron fue el oro, y Yo en correspondencia les di la
inteligencia y el conocimiento de la verdad; ¿pero sabes tú cuál es el oro que quiero ahora de
las almas? No el oro material, no, sino el oro espiritual, esto es, el oro de su voluntad, el oro de
los afectos, de los deseos, de los propios gustos, el oro de todo el interior del hombre, este es
todo el oro que el alma tiene, y lo quiero todo para Mí. Ahora, para darme esto, al alma le resulta
muy difícil dármelo sin sacrificarse y mortificarse, y esta es la mirra, que como hilo eléctrico ata
el interior del hombre y lo hace más resplandeciente, y le da la tinta de múltiples colores, dándole
al alma todas las especies de bellezas; pero esto no es todo, se requiere quien mantenga
siempre vivos los colores, la frescura, que como perfume y vientecillo exhala del interior del
alma, se requiere quien ofrezca y quien obtenga dones mayores de aquellos que dona, como
también se requiere todavía quien obligue a morar en el propio interior a Aquél que recibe y
Aquél que da y tenerlo en continua conversación y en continuo comercio con él, entonces,