estar separados Dios y el dolor; y la cruz formando esta especie de encarnación vuelve la unión
más estable, y muy difícil la separación de Dios con el alma, así como es difícil separar el dolor
de la naturaleza. Mientras que con la unión, fácilmente puede ocurrir la separación. Se entiende
que no son encarnaciones, sino semejanzas de encarnaciones”.
(5) Dicho esto ha desaparecido, pero poco después ha regresado en el momento de su
Pasión cuando fue cubierto de oprobios, de ignominias, de escupitajos, y yo le he dicho: “Señor,
enséñame que cosa puedo hacer para alejar de Ti estos oprobios y restituirte los honores, las
alabanzas y adoraciones”.
(6) Y Él ha dicho: “Hija mía, en torno a mi trono hay un vacío, y este vacío debe ser llenado
por la gloria que me debe la Creación; por eso, quien me ve despreciado por las otras criaturas
y me honra, no sólo por sí, sino por los demás, me hace renacer los honores en este vacío;
cuando no me ve amado y me ama, me hace renacer el amor; cuando ve que colmo a las
criaturas de beneficios y no me reconocen y ni siquiera me agradecen, y ella me agradece como
si se hubieran hecho a ella los beneficios, me hace renacer en este vacío la flor de la gratitud y
del agradecimiento, y así de todo lo demás que me debe la Creación, y que con negra ingratitud
me niega. Ahora, siendo todo esto una sobreabundancia de la caridad del alma, que no sólo
me devuelve lo que me debe por sí, sino que lo que desborda de sí me lo hace por las otras,
siendo esta gloria fruto de la caridad, estas flores que me manda en este vacío en torno a mi
trono, reciben un color más bello y a Mí muy agradable”.
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6-14
Diciembre 24, 1903
El deseo hace que Jesús nazca en
el alma. Lo mismo hace el demonio.
(1) Esta mañana, encontrándome en mi habitual estado ha venido el niño Jesús, y yo viéndolo
muy pequeño, como si acabara de nacer, le he dicho: “Querido mío, ¿cuál fue la causa, quién
te hizo venir del Cielo y nacer tan pequeño en el mundo?”
(2) Y Él: “El amor fue la causa, y no sólo esto, sino que mi nacimiento en el tiempo fue el
desahogo de amor de la Santísima Trinidad hacia las criaturas. En un desahogo de amor de mi
Madre nací de su seno, y en un desahogo de amor renazco en las almas. Pero este desahogo
es formado por el deseo, en cuanto el alma comienza a desearme, Yo quedo ya concebido,
cuanto más se adentra en el deseo, así me voy agrandando en el ama, cuando este deseo llena
todo el interior y llega a desbordar fuera, entonces renazco en todo el hombre, esto es, en la
mente, en la boca, en las obras y en los pasos.
(3) De igual manera, también el demonio hace sus nacimientos en las almas, en cuanto el
alma comienza a desear y a querer el mal, queda concebido el demonio con sus obras
perversas, y si este deseo viene alimentado, el demonio se engrandece y llena todo el interior
de pasiones, las más feas y asquerosas, y llega a desbordar fuera, dando el hombre la ruta de
todos los vicios. Hija mía, cuantos nacimientos hace el demonio en estos tristísimos tiempos, si
tuvieran poder, los hombres y los demonios habrían destruido mis nacimientos en las almas”.
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