6-12
Diciembre 21, 1903
Gloria que goza en el Cielo la Celestial Mamá
(1) Esta mañana me he encontrado fuera de mí misma, y viendo en la bóveda del cielo veía
siete soles muy resplandecientes, pero la forma era diversa del sol que nosotros vemos,
comenzaban en forma de cruz y terminaban en punta, y esta punta estaba dentro de un corazón.
Al principio no se veía bien, porque era tanta la luz de estos soles que no dejaba ver quién
estaba adentro, pero por cuanto más me acercaba, más se distinguía que dentro estaba la Reina
Mamá, y en mi interior iba diciendo: “Cuánto quisiera preguntarle si quiere que me esfuerce en
salir de este estado sin que esperara al sacerdote”. Mientras esto pasaba me he encontrado a
su lado y se lo he dicho, y me ha respondido un “no” tajante. Yo he quedado mortificada por
esta respuesta, y la Santísima Virgen se ha volteado hacia una multitud de personas que le
hacían corona y les ha dicho:
(2) “Escuchen lo que quiere hacer”.
(3) Y todos han dicho: “No, no”.
(4) Después, acercándose a mí, toda bondad me ha dicho:
(5) “Hija mía, ánimo en el camino del dolor, ve estos siete soles que me salen del corazón,
son mis siete dolores que me fructificaron tanta gloria y esplendor, estos soles, fruto de mis
dolores, saetean continuamente el trono de la Santísima Trinidad, la cual, sintiéndose herida me
mandan siete canales de gracia continuamente, convirtiéndome en dueña y Yo los dispongo
para gloria de todo el Cielo, para alivio de las almas purgantes, y para beneficio de todos los
viadores”.
(6) Mientras esto decía ha desaparecido, y yo me he encontrado en mí misma.
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6-13
Diciembre 22, 1903
La cruz forma la encarnación de Jesús en el seno
de las almas, y la encarnación del alma en Dios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, ha venido mi adorable Jesús crucificado, y
habiéndome participado sus penas, mientras yo sufría me ha dicho:
(2) “Hija mía, en la Creación Yo di al alma mi imagen, en la Encarnación di mi Divinidad,
divinizando a la humanidad. Y en el mismo acto en que se encarnó la Divinidad en la humanidad,
en aquel mismo instante se encarnó en la cruz, así que desde que fui concebido me concebí
unido con la cruz, y se puede decir que así como la cruz fue unida Conmigo en la encarnación
en el seno de mi Madre, así la cruz forma otras tantas encarnaciones mías en el seno de las
almas; y así como forma mi encarnación en las almas, así la cruz es la encarnación del alma en
Dios, destruyéndole todo lo que es de naturaleza, y llenándose tanto de la Divinidad, de formar
una especie de encarnación: Dios en el alma y el alma en Dios”.
(3) Yo he quedado como extasiada al oír que la cruz es la encarnación del alma en Dios, y Él
ha repetido:
(4) “No digo unión, sino encarnación, porque la cruz se entromete tanto en la naturaleza, de
llegar a transformar la misma naturaleza en dolor, y donde está el dolor ahí está Dios, sin poder