abogado, reparador, protector, defensor. Y como el verdadero sufrir es el sufrir querido por Dios
en nosotros, si el alma se une en todo a su Querer, esta unión, unida al sufrir, hace que el alma
impere sobre la justicia, sobre la misericordia de Dios, sobre los hombres y sobre todas las
cosas. Ahora, así como a Cristo el sufrir le dio todas las más bellas cualidades y todos los
honores y oficios que naturaleza humana puede contener, así el alma, participando en el sufrir
de Cristo participa de las cualidades, de los honores y de los oficios de Cristo, que es el todo”.
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6-6
Noviembre 23, 1903
No hay belleza que iguale al sufrir sólo por Dios.
(1) En mi interior me sentía impresionada por lo que había escrito arriba, como si no
estuviera conforme a la verdad, por eso en cuanto he visto al bendito Jesús he dicho:
“Señor, lo que escribí no está bien, ¿cómo puede ser todo eso con el sólo sufrir?”
(2) Y Él: “Hija mía, no te asombres, porque no hay belleza que iguale al sufrir por el solo
amor de Dios. De Mí parten continuamente dos saetas, una de mi corazón, que es de amor e
hiere a todos aquellos que están en mi regazo, esto es, que están en mi gracia, y esta saeta
produce llagas, mortifica, sana, aflige, atrae, revela, consuela y continúa mi Pasión y Redención
en aquellos que están en mi regazo; la otra parte de mi trono y la confío a los ángeles, los cuales
como ministros míos hacen correr esta saeta sobre cualquier especie de personas,
castigándolas y excitando a todos a la conversión”.
(3) Ahora, mientras esto decía me ha participado sus penas diciéndome:
(4) “He aquí también en ti la continuación de mi Redención”.
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6-7
Noviembre 24, 1903
Cómo cada palabra de Jesús son tantos eslabones de gracia.
(1) Continuando mi habitual estado, apenas he visto al bendito Jesús en mi interior, y como
si quisiera continuar quitándome las dudas me ha dicho:
(2) “Hija, Yo soy la verdad misma, y jamás puede salir de Mí la falsedad, a lo más alguna
cosa que el hombre no comprende, y esto lo hago para hacer ver que si no se comprende bien
la palabra, ¿cómo se puede comprender en todo al Creador? Pero sin embargo el alma debe
corresponder poniendo en práctica mi palabra, porque cada palabra son tantos eslabones de
gracia que salen de Mí, de los cuales hago don a la criatura, y si corresponde, estos eslabones
los encadena a los otros ya adquiridos; si no, los regresa a su Creador, y no solo esto, sino que
Yo solamente hablo cuando veo la capacidad de la criatura que puede recibir ese don, y
correspondiéndome no sólo adquiere tantos eslabones de gracia, sino que adquiere también
tantos eslabones de sabiduría divina, y si los veo encadenados con la correspondencia, me
dispone a darle otros dones; pero si veo mis dones rechazados, me retiro guardando silencio”.
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