6-8
Diciembre 3, 1903
Con la Divina Voluntad somos todo, sin Ella somos nada.
(1) Continuando mi habitual estado, por poco tiempo ha venido mi bendito Jesús
diciéndome:
(2) “Hija mía, cualquier acción humana que no tiene ningún nexo con la Voluntad Divina, pone
fuera a Dios de su propia creación; aun el mismo sufrir, por cuán santo, noble y precioso fuese
a mis ojos, no obstante, si no es parto de mi Voluntad, en vez de agradarme me indigna y me
es desagradable”.
(3) ¡Oh! potencia de la Voluntad Divina, cómo eres santa, adorable y amable, Contigo somos
todo, aunque nada hagamos, porque tu Voluntad es fecunda y nos da a luz todos los bienes, y
sin Ti somos nada, aunque todo hagamos, porque la voluntad humana es estéril y esteriliza
todas las cosas.
+ + + +
6-9
Diciembre 5, 1903
Cómo el santo deseo de recibir a Jesús suple
el sacramento, haciendo que el alma respire
a Dios, y que Dios respire al alma.
(1) No habiendo podido recibir la comunión esta mañana, estaba toda afligida, pero
resignada, y pensaba entre mí que si no hubiera sido porque me encontraba en esta posición
de estar en la cama, y de ser víctima, ciertamente la habría podido recibir, y decía al Señor:
“Mira, el estado de víctima me somete al sacrificio de privarme de recibirte en el sacramento, al
menos acepta el sacrificio de privarme de Ti para contentarte, como un acto más intenso de
amor por Ti, porque al menos el pensar que tu misma privación atestigua de más mi amor por
Ti, endulza la amargura de tu privación”. Y mientras esto decía, las lágrimas me descendían de
los ojos, pero, oh bondad de mi buen Jesús, no apenas me he adormecido, sin hacerme esperar
tanto y buscar según lo acostumbrado, ha venido súbito y poniéndome sus manos en la cara,
me acariciaba y me decía:
(2) “Hija mía, pobre hija, ánimo, mi privación excita mayormente el deseo, y en este deseo
excitado el alma respira a Dios, y Dios sintiéndose más encendido por esta excitación del alma,
respira al alma, y en este respirarse mutuamente Dios y el alma, se enciende mayormente la
sed del amor, y siendo el amor fuego, forma el purgatorio del alma, y este purgatorio de amor le
sirve no de una sola comunión al día, como permite la Iglesia, sino de una continua comunión,
por cuanto es continuo el respiro, pero todas comuniones de purísimo amor, sólo de espíritu y
no de cuerpo, y siendo el espíritu más perfecto, sucede que el amor es más intenso. Así
recompenso Yo, no a quien no quiere recibirme, sino a quien no puede recibirme, privándose de
Mí para complacerme a Mí”.
+ + + +
338 sig