10
I. M. I.
6-1
Noviembre 1, 1903
Cuando el alma hace todas sus acciones por el
único fin de amar a Jesús, camina siempre de
día, para ella jamás es noche.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, y me veía
como un pequeño vaporcito, y yo quedaba toda maravillada al verme reducida en esa
forma. Mientras estaba en esto ha venido mi adorable Jesús y me ha dicho:
(2) “Hija mía, la vida del hombre es vapor, y así como al vapor es sólo el fuego el que lo hace
caminar, y a medida de que el fuego sea vivo y mucho, así corre más veloz, y si es poco camina
a paso lento, y si está apagado queda detenido; así el alma, si el fuego del amor de Dios es
mucho, se puede decir que vuela sobre todas las cosas de la tierra, y siempre corre y vuela a
su centro que es Dios; ahora, si es poco se puede decir que camina con dificultad, arrastrándose
y enfangándose de todo lo que es tierra; si está apagado queda detenida, sin vida de Dios en
ella, como muerta a todo lo que es divino. Hija mía, cuando el alma en todas sus acciones no
las hace por otra cosa más que con el único fin de amarme, y ninguna otra recompensa quiere
de su obrar más que mi amor, camina siempre de día, jamás para ella es noche, más bien
camina en el mismo sol, que casi como vapor la circunda para hacerla caminar en él, haciéndole
gozar toda la plenitud de la luz, y no sólo eso, sino que sus mismas acciones le sirven de luz
para su camino y le agregan siempre nueva luz”.
+ + + +
6-2
Noviembre 8, 1903
Jesús dice cómo debe ser el amor del prójimo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba rogando por ciertas necesidades
del prójimo, y el bendito Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “¿Con qué fin rezas por estas personas?”
(3) Y yo: “Señor, ¿y Tú por cuál fin nos amaste?”
(4) Y Él: “Os amo porque sois cosa mía, y cuando el objeto es propio, se siente como
obligado, es como una necesidad el amarlo”.
(5) Y yo: “Señor, estoy rezando por estas personas porque son cosa tuya, de otra manera
no me habría interesado”. Y Él poniéndome la mano en la frente, casi oprimiéndola ha agregado:
(6) “¡Ah! ¿Entonces es porque son cosa mía? Así está bien el amor del prójimo”.
+ + + +
10 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.
335 sig