que asiste siempre a la Iglesia, y que todo lo que ella contiene, todo ha venido del Cielo:
Sacramentos, doctrina y todo lo demás, todo es celestial, santo y puro, de modo que entre el
Cielo y la Iglesia hay continua comunicación, jamás interrumpida. En los pocos religiosos que
prestaban cuidados, asistencia a la mujer, comprendía que pocos son aquellos que a capa y
espada defienden a la Iglesia, teniendo como propios los males que recibe, la recámara donde
estaba, compuesta de piedras, representaba la solidez y firmeza y también la dureza de la Iglesia
para no ceder a ningún derecho que le pertenece. La mujer moribunda que con intrepidez y
coraje se hace golpear por los enemigos, representaba la Iglesia, que mientras parece que
muere, entonces resurge más intrépida, ¿pero cómo? Con los sufrimientos y el derramamiento
de sangre, verdadero espíritu de la Iglesia, siempre pronta a las mortificaciones, como lo estuvo
Jesucristo.
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5-26
Octubre 27, 1903
El modo de obrar divino es por el solo amor del Padre y de los hombres.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, por poco tiempo he visto a mi adorable Jesús
diciéndome:
(2) “Hija mía, el aceptar las mortificaciones y sufrimientos como penitencia y como castigo, es
laudable, es bueno, pero no tiene ningún nexo con el modo de obrar divino, porque Yo hice
mucho, sufrí mucho, pero el modo que tuve en todo esto fue sólo el amor del Padre y de los
hombres. Así que, se descubre rápidamente si la criatura tiene el modo de obrar y de sufrir a lo
divino, si sólo el amor y a sufrir la empuja. Si tiene otros modos, aunque fueran buenos, es
siempre modo de criatura, por eso se encontrará el mérito que puede adquirir una criatura, no
el mérito que puede adquirir el Creador, no habiendo unión de modos. Mientras que si tiene mi
modo, el fuego del amor destruirá toda disparidad y desigualdad, y formará una sola cosa entre
mi obra y la de la criatura.
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5-27
Octubre 29, 1903
Cuando el alma tiene en sí misma impreso el fin de la Creación,
Jesús le corresponde dándole parte de la felicidad celestial.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús se hacía ver en mi interior, como si se hubiese encarnado
en mi misma persona, y mirándome ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando veo en el alma impreso el carácter del fin de mi Creación, sintiéndome
satisfecho de ella, porque veo cumplida muy bien la obra creada por Mí, me siento en deber,
esto es, no deber, ha agregado rápidamente, porque en Mí no hay deberes, sino que mi deber
es un amor más intenso de corresponderla, anticipando para ella parte de la felicidad celestial,
esto es, manifestando a su inteligencia el conocimiento de mi Divinidad, y atrayéndola con el
alimento de las verdades eternas; a su vista recreándola con mi belleza; a su oído haciendo
resonar la suavidad de mi voz; a la boca con mis besos; al corazón los abrazos y todas mis
ternuras, y esto corresponde al fin de haberla creado, el cual es: Conocerme, amarme, servirme”.
(3) Y ha desaparecido.
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