(4) Entonces yo, encontrándome fuera de mí misma, veía al confesor y le decía lo que el
bendito Jesús me ha dicho; le preguntaba si estaba en lo correcto, y me decía: “Sí”. No sólo
esto, sino que añadía que se conocía bien el hablar Divino, porque cuando habla Dios y el alma
lo relata, el que escucha no sólo ve la verdad de las palabras, sino que siente en su interior una
emoción que sólo el Espíritu Divino posee.
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5-28
Octubre 30, 1903
Enseñanzas sobre la paz.
(1) Esta mañana, no viniendo mi adorable Jesús, estaba pensando en mi interior: “Quién sabe
si fuera verdad que era nuestro Señor el que venía, o más bien el enemigo para engañarme;
¿cómo Jesucristo debía dejarme tan feamente sin ninguna piedad?” Ahora mientras esto
pensaba, por pocos instantes se ha hecho ver levantando su diestra, y oprimiéndome la boca
con el pulgar me ha dicho:
(2) “Calla, calla, y además, sería gracioso que uno que ha visto el sol, sólo porque no lo ve
dice que no era sol lo que había visto; ¿no sería más verdadero y razonable si dijera que el sol
se ha escondido?” Y ha desaparecido.
(3) Pero aunque no lo veía, sentía que con sus manos me iba tocando toda y frotando la boca,
la mente y demás cosas, y me dejaba toda luminosa; y como no lo veía, la mente seguía
dudando, y Él haciéndose ver de nuevo ha agregado:
(4) “¿Todavía no quieres terminar con esto? Tú quieres hacer desaparecer mi obra en ti,
porque dudando no estás en paz, y siendo Yo fuente de paz, no viéndote en paz harás dudar a
quien te guía, que no es el Rey de la paz el que habita en ti. ¡Ah, no quieres estar atenta! Es
verdad que Yo hago todo en el alma, de modo que sin Mí no haría nada, pero es también verdad
que dejo siempre un hilo de voluntad al alma, para que también ella pueda decir: “Todo lo hago
por mi propia voluntad”. Así que, estando inquieta rompes aquel hilo de unión Conmigo, y me
atas los brazos sin que Yo pueda obrar en ti, esperando hasta que te pongas en paz para volver
a tomar el hilo de tu voluntad y continuar mi obra”.
Deo Gratias.
Nihil obstat
Canonico Annibale
M. Di Francia
Eccl.
Imprimatur
Arzobispo Giuseppe M. Leo
Octubre de 1926