obediencia a mi amado Padre, que quiso adornar todas mis obras, desde la más grande hasta
la más pequeña con el adorno honorífico de la obediencia”.
(8) Mas tarde encontrándome en mí misma, sentía temor de tratar de salir, pero después me
las arreglaba diciendo: “Debía pensar quien me ha dado la obediencia, y además, si el Señor lo
quiere, yo estoy dispuesta”.
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5-25
Octubre 25, 1903
El alma en Gracia enamora a Dios.
(1) Llegando la hora de mi habitual estado, pensaba entre mí, que si el Señor no venía debía
intentar esforzarme al menos para ver si lo lograba. Entonces primero resultaba, pero después
ha venido mi adorable Jesús y me hacía ver que cuando yo pensaba en estarme, Él se acercaba
y me encadenaba a Sí, de modo que yo no podía; pero cuando pensaba en quitarme, Él se
alejaba y me dejaba libre; de modo que podía hacerlo, así que no me sabía decidir y decía entre
mí: “Cómo quisiera ver al confesor para preguntarle qué cosa debo hacer”. Entonces, poco
después he visto al confesor junto con Nuestro Señor y rápido he dicho: “Dime, ¿debo estar, sí
o no?” Y mientras esto decía veía en el interior del confesor que había retirado la obediencia
que me había dado el día anterior, entonces me decidí a estarme, pensando entre mí que si
fuera verdad que había retirado la obediencia, estaba bien; pero si era mi fantasía que esto veía,
mientras podía ser falso, cuando el confesor viniera entonces se pensaría, pudiendo probar otro
día, y así me he tranquilizado. Después, continuando a hacerse ver, el bendito Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, la belleza del alma en gracia es tanta, de enamorar al mismo Dios, los ángeles
y los santos quedan asombrados al ver este prodigioso portento, de un alma aún terrenal
poseída por la gracia, ante la fragancia del olor celestial le corren en torno, y con sumo placer
encuentran en ella a aquel mismo Jesús que los beatifica en el Cielo, de modo que para ellos
es indiferente tanto estar arriba en el Cielo, como acá abajo junto a esta alma. ¿Pero quién
mantiene y conserva este portento, dándole continuamente nuevas tintas de belleza al alma que
vive en mi Voluntad? ¿Quién quita cualquier herrumbre e imperfección y le suministra el
conocimiento del objeto que posee? Mi Voluntad. ¿Quién consolida, establece y la hace quedar
confirmada en la gracia? Mi Voluntad. El vivir en mi Querer es todo el punto de la Santidad, y da
continuo crecimiento de gracia. Pero quien un día hace mi Voluntad, y otro la suya, jamás
quedará confirmado en la gracia, no hace otra cosa que crecer y decrecer; y esto cuánto mal
acarrea al alma, de cuánta alegría priva a Dios y a sí misma. Es imagen de quien hoy es rica y
mañana pobre, no quedará confirmada ni en la riqueza ni en la pobreza, por lo tanto no se puede
saber dónde irá a terminar”.
(3) Dicho esto ha desaparecido, y poco después ha venido el confesor y habiendo dicho lo
que he escrito, me ha asegurado que verdaderamente había retirado la obediencia que me había
dado.
(4) Para obedecer al confesor regreso a decir los otros significados que comprendí el día 24
del corriente: La mujer representaba la Iglesia que estando enferma, no en sí misma sino en sus
miembros, y si bien abatida y ultrajada por los enemigos, y enferma en sus mismos miembros,
jamás pierde su majestad y veneración; de la cama donde se encontraba, comprendía que la
Iglesia mientras parece oprimida, enferma e impedida, también reposa con un reposo perpetuo
y eterno, y con paz y seguridad en el seno paterno de Dios, como un niño en el seno de su
propia madre; el respaldo del lecho que tocaba el techo, comprendía que era la protección divina