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5-15
Junio 30, 1903
Belleza del alma interior.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, he visto a la Reina Madre, y postrándome a sus pies
le he dicho: “Dulcísima Madre mía, en qué terrible estrechez me encuentro privada del único
bien mío y de mi misma vida, me siento llegar a los extremos”.
(2) Y mientras esto decía lloraba, y la Virgen Santísima abriéndose una parte del corazón,
como si se abriera una custodia ha tomado al niño de dentro y me lo ha dado diciéndome:
(3) “Hija mía, no llores, aquí está tu bien, tu vida, tu todo, tómalo y tenlo siempre contigo, y
mientras lo tengas contigo, ten tu mirada fija en tu interior sobre Él, no te preocupes si no te dice
nada, o si tú no sabes decir nada, sólo míralo en tu interior, porque con mirarlo comprenderás
todo, harás todo, y satisfarás por todos; esta es la belleza del alma interior, que sin voz, sin
instrucciones, como no hay ninguna cosa externa que la atraiga o la inquiete, sino que toda su
atracción, todos sus bienes están encerrados en el interior, fácilmente, con el simple mirar a
Jesús todo entiende y todo obra. En este modo caminarás hasta a la cumbre del Calvario, y una
vez que hayas llegado, no más como niño lo verás, sino Crucificado y tú quedarás junto con Él
crucificada”.
(4) Por eso parecía que con el niño en brazos y la Virgen Santísima hacíamos el camino del
Calvario; mientras se caminaba alguna vez encontraba alguno que me quería quitar a Jesús, y
llamaba en ayuda a la Reina Madre diciéndole: “Mamá mía, ayúdame, que quieren quitarme a
Jesús”. Y Ella me respondía: “No temas, tu empeño sea tener la mirada interna fija sobre Él, y
esto tiene tanta fuerza, que todas las otras fuerzas humanas y diabólicas quedarán debilitadas
y derrotadas”.
(5) Ahora, mientras se caminaba hemos encontrado un templo en el que se celebraba la santa
misa, en el momento de recibir la comunión yo he volado con el niño en los brazos al altar para
recibirla, pero cuál no ha sido mi sorpresa, que en cuanto Jesucristo ha entrado dentro de mí,
me ha desaparecido de los brazos, y poco después me he encontrado en mí misma.
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5-16
Julio 3, 1903
Quien se da a Jesús en vida, Jesús se da a ella en
la muerte y la exenta del purgatorio.
(1) Esta mañana encontrándome sumamente afligida por la pérdida de mi adorable Jesús, se
ha hecho ver en mi interior, que llenaba toda mi persona, es decir mi cabeza, mis brazos y así
de todo lo demás. Y mientras esto veía me ha dicho, como queriéndome explicar el significado
de cómo se hacía ver:
(2) “Hija mía, ¿por qué te afliges siendo Yo el dueño de toda tú? Cuando un alma llega a
hacerme dueño de su mente, de los brazos, del corazón y de los pies, el pecado no puede reinar,
y si alguna cosa involuntaria entra en ella, siendo Yo el dueño, y el alma estando bajo el influjo
de mi dominio, está en continua actitud de expiación y rápidamente sale. Además de esto, siendo
Yo santo, resulta difícil retener en sí cualquier cosa que no sea santa; además, habiéndome
dado a toda sí misma en vida, es justicia que Yo le dé a todo Yo mismo en la muerte,
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