5-13
Junio 15, 1903
Quien se sirve de los sentidos para glorificar a
Nuestro Señor, conserva en sí su obra Creadora.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi adorable Jesús, no sé cómo, lo veía dentro de
mi ojo. Entonces yo me he maravillado y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien se sirve de los sentidos para ofenderme deforma en sí mi imagen, por eso
el pecado da la muerte al alma, no porque verdaderamente muera, sino porque da la muerte a
todo lo que es Divino. Si por el contrario se sirve de los sentidos para glorificarme, puedo decir:
“Tú eres mi ojo, mi oído, mi boca, mis manos y mis pies”. Y con esto conserva en sí mi obra
Creadora, y si al glorificarme agrega el sufrir, el satisfacer, el reparar por otros, conserva en sí
mi obra redentora, y perfeccionando estas mis obras en sí misma, resurge mi obra santificadora,
santificando todo y conservándolo en la propia alma, porque de todo lo que he hecho en la obra
creadora, redentora y santificadora, he transfundido en el alma una participación de mi mismo
obrar, pero todo está en si el alma corresponde a mi obra”.
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5-14
Junio 16, 1903
Lo que vuelve al alma más amada, más bella, más amable y más
íntima con Dios, es la perseverancia en el obrar sólo por agradarle a Él.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma, y veía al niño Jesús
que tenía en la mano una taza llena de amargura y una vara, y Él me ha dicho:
(2) “Mira hija mía que copa de amargura me da a beber continuamente el mundo”.
(3) Y yo: “Señor, particípame algo a mí, así no sufrirás solo”.
(4) Entonces me ha dado a beber un poquito de aquella amargura, y después con la vara que
tenía en la mano se ha puesto a traspasarme el corazón, tanto, que hacía un agujero de donde
salía un río de aquella amargura que había bebido, pero cambiada en leche dulce, e iba a la
boca del niño, el cual todo se endulzaba y reconfortaba, y después me ha dicho:
(5) “Hija mía, cuando doy al alma lo amargo, las tribulaciones, si el alma se uniforma a mi
Voluntad, si me agradece por ello, y de eso me hace un presente ofreciéndomelo a Mí mismo,
para ella es amargo, es sufrimiento, y para Mí se cambia en dulzura y alivio, pero lo que más
me alegra y me da placer, es ver si el alma cuando obra y padece está atenta a agradarme
solamente a Mí, sin otro fin o propósito de recompensa, sin embargo lo que hace más querida
al alma, más bella, más amable, más íntima en el Ser Divino, es la perseverancia en este modo
de comportarse, volviéndola inmutable junto con el inmutable Dios; porque si hoy hace y mañana
no; si una vez tiene un fin, y otra vez otro; hoy trata de agradar a Dios, mañana a las criaturas,
es imagen de quien hoy es reina y mañana es vilísima sierva, hoy se alimenta de exquisitos
alimentos y mañana de porquerías”.
(6) Poco después ha desaparecido, pero luego ha regresado agregando:
(7) “El sol está para beneficio de todos, pero no todos gozan sus benéficos efectos. Así el Sol
Divino, a todos da su luz, ¿pero quién goza sus benéficos efectos? Quien tiene abiertos los ojos
a la luz de la verdad, todos los otros, a pesar de que el Sol está expuesto quedan en la oscuridad;
pero propiamente goza, recibe toda la plenitud de este Sol, quien está todo ocupado en
agradarme”.