(3) Quién puede decir como me sentía destrozar el corazón al oír estas palabras de Jesús.
Después ha salido de dentro de mi interior, y yo después de haberme asegurado que fuera el
bendito Jesús he dicho: “Señor, ¿es Voluntad tuya que continúe en este estado de víctima?
Porque yo no sintiéndome en la misma posición que al principio, me veo como si no fuera
necesaria la venida del sacerdote, y cuando menos ahorraré el sacrificio al confesor.
(4) Y Él: “Por ahora no es mi Voluntad que tú salgas; respecto al sacrificio del sacerdote, le
restituiré centuplicada la caridad que hace”.
(5) Después, todo afligido ha agregado: “Hija mía, los socialistas han planeado entre ellos
golpear a la Iglesia, y esto lo han hecho en Francia públicamente, y en Italia más oculto; y mi
justicia va encontrando vacíos para echar mano de los castigos”.
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5-7
Abril 10, 1903
Como los hombres no se rinden, Jesús hará
resonar la trompeta de nuevos y graves flagelos.
(1) Encontrándome fuera de mí misma veía a nuestro Señor con una vara en la mano que
tocaba a las gentes, y éstas al ser tocadas se dispersaban y se revelaban, y el Señor les ha
dicho:
(2) “Los he tocado para reuniros en torno a Mí, y en vez de reuniros os reveláis y os dispersáis
de Mí, por eso es necesario que Yo suene la trompeta”.
(3) Y mientras esto decía se ha puesto a tocar la trompeta. Y yo comprendía que el Señor
mandará algún castigo, y los hombres en vez de humillarse tomarán ocasión para ofenderlo y
alejarse, y el Señor al ver esto hará resonar la trompeta de otros graves flagelos.
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5-8
Abril 21, 1903
Jesús suspende a Luisa de su habitual estado para poder castigar.
(1) Habiendo pasado días amarguísimos de privaciones y lágrimas, con la añadidura de verme
en posibilidad de que el Señor me suspendiera del estado de víctima, como de hecho me ha
sucedido, que por cuanto me esforzaba no podía perder los sentidos, más bien he quedado
sorprendida por muchos dolores internos que me inquietaban, sin que lo pudiera comprender.
Apenas un sueño en la noche, en el que me parecía ver un ángel que me llevaba dentro de un
jardín, en el cual estaban todas las plantas ennegrecidas, pero yo no he hecho caso y sólo
pensaba en cómo Jesús me había expulsado de Sí. Entonces, hacia la tarde ha venido el
confesor, y encontrándome en mí misma me ha dicho que se habían helado las viñas. He
quedado afligidísima al pensar en la pobre gente, y en el temor de que no me hiciera caer en mi
acostumbrado estado para poder libremente castigar. Sin embargo esta mañana el bendito
Jesús ha venido haciéndome caer en mi acostumbrado estado, y yo apenas lo vi le he dicho:
(2) “¡Ah! Señor, ¿y ayer que hiciste? Así que te saliste con la tuya, y además, ni siquiera me
dijiste nada, que al menos habría rogado para evitar en parte el castigo”.
(3) Y Él: “Hija mía, era necesario que te suspendiera, de otra manera tú me habrías
obstaculizado, y Yo no podría estar libre; y además, ¿cuántas veces no he hecho Yo lo que tú