por el ofrecimiento del Hijo. Parecía que así como al crear a las criaturas no había salido otra
cosa de su interior que llamas contenidas de amor, pues para dar desahogo a este amor se
pusieron a crear tantas otras imágenes de Ellos, entonces quedaban satisfechos cuando
recibían lo que habían dado, esto es: Amor han dado, amor quieren; así que la más fea ofensa
es el no amarlos. Sin embargo, ¡oh Dios tres veces Santo! ¿Quién es aquél que te ama?
(3) Después de esto han desaparecido. ¿Pero quién puede decir lo que comprendía? Mi
mente se perdía y la lengua no sabe articular palabra. Entonces, poco después volvió el bendito
Jesús con el rostro cubierto de escupitinas y de fango, y me ha dicho:
(4) “Hija mía, las alabanzas, las adulaciones, son escupitinas y fango que ensucian y enlodan
al alma y ciegan la mente, para no dejarle conocer quién verdaderamente es ella, especialmente
si no parten de la verdad, porque si parten de la verdad y la persona es digna de alabanzas,
conociendo la verdad me dará a Mí la Gloria, pero si parten de la falsedad, empujan a tal exceso
al alma, que se confirma mayormente en el mal”.
+ + + +
4-175
Enero 31, 1903
Efectos de la corona de espinas de Jesús.
(1) Después de haber esperado mucho, he visto al bendito Jesús en mi interior que tenía la
corona de espinas, y yo me puse a contemplarlo y a compadecerlo, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, quise sufrir estas espinas en mi cabeza, además de para expiar todos los
pecados de pensamiento, para unir la inteligencia divina a la humana, porque la inteligencia
divina estaba como dispersa en las mentes humanas, y mis espinas la llamaron del Cielo y la
injertaron de nuevo. No sólo esto, sino que obtuve, para quien debía manifestar las cosas
divinas, ayuda, fuerza, lucidez para hacerla conocer a los demás”.
+ + + +
4-176
Febrero 1, 1903
La Reina Mamá la reprende. Se abre una iglesia protestante en Corato.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me sentía toda afligida, especialmente porque mi
confesor me había dicho que esta mañana se abría en Corato una iglesia protestante, y que yo
debía rogar al Señor que hiciera suceder alguna cosa para confundirlos, a costa de cualquier
sufrimiento mío, y viendo que el Señor no venía y por lo tanto yo no sentía grandes sufrimientos,
único medio para obtener esta especie de gracias, sentía una aflicción grandísima. Después de
mucho esperar ha venido el bendito Jesús, y veía al confesor que insistía mucho y rogaba para
hacerme sufrir; así parece que me participó las penas de la cruz, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, te he hecho sufrir obligado por la potestad sacerdotal, y permitiré que aquellos
que vayan, en vez de quedar convencidos de lo que los protestantes digan, los tomarán a burla,
y además, como el castigo cayó sobre Corato en los días que te tuve suspendida del estado de
víctima, debe tener su curso, y si tú continúas sufriendo dispondré de modo tal a los corazones,
que a tiempo oportuno me serviré de alguna ocasión para hacerlos quedar del todo confundidos
y destruidos”.
305 sig