4-170
Enero 7, 1903
Pide a Jesús que le aclare su estado, y Él se lo esclarece.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando: “¿Será posible, puede ser verdad que
por pocos sufrimientos míos el Señor suspenda los castigos, que debilite las fuerzas humanas
para que no hagan revoluciones y para no formar leyes inicuas? Y además, ¿quién soy yo para
merecer con pocos sufrimientos todo esto?” Mientras esto pensaba, ha venido el bendito Jesús
y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ni tú, ni quien te dirige han comprendido tu estado; tú en el estado de sufrimientos
desapareces del todo, y Yo solo, no místicamente, sino en carne viva reproduzco mis mismos
sufrimientos que sufrió mi Humanidad. ¿Y no fueron tal vez mis sufrimientos los que debilitaron
a los demonios, iluminaron las mentes cegadas, en una palabra, los que formaron la redención
del hombre? Y si lo pudieron hacer entonces en mi Humanidad, ¿no lo podrán acaso hacer
ahora en la tuya? Si un rey fuera a habitar en un pequeño tugurio, y desde ahí dispensara
gracias, ayuda, monedas, continuara su oficio de rey, si alguien no lo creyera se diría que es
tonto, pues si es rey puede hacer el bien tanto en el palacio real como en el pequeño tugurio; es
más, se admira más su bondad, porque siendo rey no desdeña habitar en pequeñas pocilgas y
viles chozas; así es tu situación”.
(3) Yo comprendía con claridad todo esto y he dicho: “Señor mío, todo está bien como dices,
toda la dificultad de mi estado está en la venida del sacerdote”.
(4) Y Él: “Hija mía, aunque un rey habitara en pequeñas pocilgas, por las circunstancias, por
las necesidades, por la condición de rey, es conveniente que sus ministros no lo dejen solo, sino
que le hagan compañía sirviéndolo y obedeciéndolo en lo que él quiere”.
(5) He quedado tan convencida, que no supe qué más decir.
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4-171
Enero 9, 1903
Todo está escrito en el corazón de quien cree, espera y ama.
(1) Esta mañana me sentía toda oprimida, pues había venido Monseñor a visitarme porque
decía que no era cierto que fuera Jesucristo quien obraba en mí; y al venir el bendito Jesús me
ha dicho:
(2) “Hija mía, para comprender bien a un sujeto se necesita creer, porque sin esto todo es
oscuridad en el intelecto humano, mientras que el sólo creer enciende en la mente una luz, y
por medio de esta luz descubre con claridad la verdad y la falsedad, cuándo obra la gracia y
cuándo la naturaleza y cuándo lo diabólico. Mira, el Evangelio es conocido por todos, ¿pero
quién comprende el significado de mis palabras, las verdades que él contiene? Quién las
conserva en su propio corazón y hace de ellas un tesoro para comprarse el reino eterno, o sea,
quien cree. Y todos los demás no sólo no comprenden nada, sino que se sirven de ellas para
hacer escarnio y burlarse de las cosas más santas. Por lo tanto se puede decir que todo está
escrito en los corazones de quien cree, espera y ama, y para todos los demás, nada está escrito
para ellos. Así es de ti, quien cree un poco ve las cosas con claridad y encuentra la verdad;
quien no, ve las cosas todas confusas”.