que nada derramaba he dicho: “Señor, ¿ya no me quieres? Si no quieres derramar amarguras
al menos derrama tus dulzuras”.
(4) Y Él: “Más bien te amo más, y si tú pudieras entrar en mi interior verías con claridad en
todas mis partículas el amor especial hacia ti, y algunas veces te amo tanto, que llego a amarte
cuanto me amo a Mí mismo, si bien algunas veces no te puedo ver y me eres nauseante”.
(5) Estas últimas palabras fueron como un relámpago a mi pobre corazón, pensar que no
siempre era amada por mi amante Jesús, y que en ocasiones llegaba a ser un alma abominable.
Si Él mismo no hubiera corrido a explicarme el significado, yo no habría podido vivir más.
Entonces ha agregado:
(6) “Pobre hija, ¿te es demasiado duro esto? Has encontrado mi misma suerte, Yo era siempre
el que era, uno con la Trinidad Sacrosanta y nos amábamos con un amor eterno, indisoluble, no
obstante cubierto como víctima de todas las iniquidades de los hombres, mi exterior era
abominable ante la Divinidad, tanto que la justicia divina no me perdonó en ninguna parte,
volviéndose inexorable hasta abandonarme. Tú eres siempre como eres Conmigo, pero como
desempeñas el estado de víctima, tu exterior aparece ante la divina justicia cubierto de las culpas
de los demás, he aquí el por qué te dije esas palabras; sin embargo tú tranquilízate, porque te
amo siempre”.
(7) Dicho esto ha desaparecido. Parece que el bendito Jesús esta vez tenía ganas de
inquietarme, si bien enseguida me da la paz. Sea siempre bendito y agradecido.
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4-169
Enero 5, 1903
La libertad es necesaria para conocer al bueno y al malo.
(1) Esta mañana me sentía casi libre de los sufrimientos, yo misma no sabía qué hacer,
cuando de repente me he sentido fuera de mí misma y veía personas de nuestra ciudad, que
además de las palabras y calumnias que habían dicho, planeaban llegar a los hechos. Mientras
estaba en esto he visto al bendito Jesús y he dicho: “Señor, demasiada libertad das a estos
hombres infernales, hasta ahora han sido palabras de infierno, y ahora quieren llegar a poner
las manos sobre tus ministros; átalos y ten compasión de ellos, y al mismo tiempo defiende a
aquellos que te pertenecen”.
(2) Y Él: “Hija, es necesaria esta libertad para conocer al bueno y al malo, pero debes saber
que estoy cansado del hombre, y tan cansado que te lo participo a ti, de modo que cuando
sientes ese cansancio de tu estado de víctima y casi la voluntad de querer salir de él, te viene
de Mí, pero te advierto que estés atenta en no meter ninguna voluntad, porque Yo voy buscando
la voluntad de la criatura para apoyarme y castigar a los rebeldes. Sin embargo probemos,
todavía te haré sufrir, y aquellos quedarán sin fuerza y no podrán hacer nada de lo que quieren”.
(3) Quién puede decir lo que he sufrido y cuántas veces me ha renovado la crucifixión, y
mientras esto hacía me ha dicho alzando su mano hacia el cielo:
(4) “Hija mía, al hombre no lo hice para la tierra sino para el Cielo, y su mente, su corazón, y
todo lo que su interior contiene debían existir en el Cielo, y si esto hiciera, recibiría en las tres
potencias el influjo de la Santísima Trinidad, y Ella quedaría copiada en él mismo; pero como se
ocupa de tierra, recibe en sí el fango, la podredumbre y toda la cloaca de vicios que la tierra
contiene”.
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